Si me permite

Los libros deben estar en la vida de los niños

Samuel Berberián samuel.berberian@gmail.com

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“La lectura es para la mente lo que el ejercicio es para el cuerpo”. Joseph Addison

En la sociedad que vivimos hoy es común que cuando se le pide a un niño que se ocupe en algo para no estar con los adultos, normalmente se le envía a jugar o ver algún programa en la televisión. Es poco probable que se le entregue algún libro propio para su edad, para que tenga que leer. Pero si la lectura es un aspecto formativo en nuestra vida, debería ser una de las cosas prioritarias que un pequeño debería tener a su alcance.

Posiblemente, en muchos de los casos los libros que se tienen en la casa son de los mayores, y estos no se prestan a los niños para que los tomen y puedan leerlos. Deberíamos revertir esta práctica tan arraigada hoy en día y saber cómo estimular y crear la suficiente atracción para los libros, al punto de que podamos encontrar niños que por su propia iniciativa sepan dónde tienen sus libros y que, si quieren cambiar la rutina de lo que están haciendo, los libros sean una buena opción para hacer algo placentero.

Claro está que, si nosotros somos de aquellos que se nos encuentra leyendo algún libro en el tiempo de descanso, esta conducta generará un contagio para los que nos rodean y en una forma muy particular en los niños. Así no será una actitud de mandato el hecho de ir a leer, sino la orientación de que mejor lea los libros que son suyos y los tiene a la mano.

Tristemente, algunos en su historial tienen registrada la lectura en sus años de niñez como un castigo, en lugar de ser un recurso de placer por el cual la fantasía y la curiosidad puede de alguna manera tener suficientes alas para remontar a lo más lejano del tiempo y poder vivir lo que otros escribieron, y una vez que se ha leído llegar a ser parte de uno, y en lo que se tenga que compartir se habrá de reflejar sin tener que hacer mayor esfuerzo, simplemente porque lo que se lee forma parte de lo que uno es, piensa y planifica también.

Lo frecuente en nuestros días es oír si uno vio algún programa interesante, del mismo modo deberíamos en nuestras relaciones diarias e interpersonales preguntar cuál fue el último libro que se ha leído y, en forma muy particular, con los niños, la pregunta de si le gusta leer, y seguido a eso, cuál es el último libro que estuvo leyendo o, más apropiado, si está leyendo algún libro y por qué escogió ese.

Esto nos permitiría conocer el mundo que nuestros niños viven y probablemente comprender a qué futuro están aspirando y hasta dónde pueden llegar si mantienen ese ritmo.

Sabiendo que la niñez tiene una gran inclinación a la fantasía y a la imaginación, debemos saber escoger libros que de algún modo cultiven esas capacidades en forma positiva y que sean provechosas para la formación de su personalidad y carácter.

Seguramente hay personas que han logrado alcanzar sueños y proyectos por el simple hecho de que en su infancia leyeron algún libro que despertó en ellos algo que les permitió visualizar un panorama muy diferente de lo que su medio ofrecía.

Seamos los adultos facilitadores para que los niños que nos rodean tengan un lugar y el estímulo necesario para poder leer y formarse de un modo tan especial que les habrá de permitir ser diferentes y no simplemente uno más en medio del montón que los está rodeando.