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Los niños también son maestros

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“Cuando un niño llega a tu vida, no es momento de enseñarle tus formas de vivir, sino de reaprenderlas”, fue la frase de autor desconocido que leí en redes sociales, como invitación a replantearnos nuestro rol como padres y el rol de los niños en el mundo al que llegan.

Desde mi experiencia como padre, empiezo a comprender que los niños, más que el futuro, son el presente. Traen consigo la chispa de la evolución humana y la esperanza de un mundo mejor. Vienen con los “códigos” y las llaves para crear algo nuevo. Llegan para enseñarnos a cocrear el futuro, si somos lo suficientemente conscientes para verlo y permitírselos.

En cada etapa de la vida de los niños y en cada circunstancia que vivimos junto a ellos nos invitan a vivir en el momento, a ser observadores y replantearnos nuestra forma de actuar. Cuando tomamos consciencia de que los niños también son maestros, nos llevan entre risas y movimiento a hacer una pausa en el modo automático en el que vivimos, a descubrir que una de sus misiones importantes es invitarnos a realizar el trabajo interno, que nos permita crear nuestra mejor versión como humanos y como padres.

Al reconocerlos también como maestros, la importancia de lo que hay que enseñarles —o no enseñarles— se transforma para crear un espacio seguro, en donde ellos se puedan desarrollar, expresar, ser y hacer lo que vinieron a materializar en este mundo. Ese espacio de aprendizaje mutuo es el terreno para que florezcan y alcancen su máximo potencial. Es en esa interacción consciente donde sucede la magia.
Esta manera de relacionarnos nos permite soltar el afán de creer que les “tenemos” que enseñar todo, que se tienen que “acoplar” a lo que nos sirva a nosotros, sin respetar sus tiempos o sus límites. Nos permite dejar de mal-tratarlos a ellos y a nosotros mismos y dejar de privarnos de la oportunidad de crecer juntos.

Mientras no aceptemos que los niños vienen a enseñarnos lo que debemos hacer para evolucionar, el futuro siempre será igual. Pues, ¿qué tanto podremos mejorar como humanidad si seguimos promoviendo que los niños sean reflejo y proyección nuestra? ¿cuánto más lograríamos avanzar si los niños no tuvieran que pasar la mitad de su vida siendo programados por nosotros para un mundo que no les sirve? ¿qué pasaría si, en vez de pasar la otra mitad de su vida tratando de superar las limitaciones que les enseñamos, se enfocaran (con nosotros a su lado) en liberar su potencial?

Al caminar con nuestros hijos con mente abierta, totalmente presentes en el rol del momento y con la intención de aprender, ellos brillarán y nuestro aprendizaje personal será invaluable.

Comprenderemos el cómo, por qué y para qué hacemos lo que hacemos. El porqué queremos que hagan o no hagan ciertas cosas. Nos daremos cuenta de cómo los limitamos cuando no logramos ponernos a la altura de su imaginación, o cómo los confundimos cuando nos imponemos de manera automática y sin pensar, trasladando nuestros miedos, inseguridades, carencias y limitaciones.

Los niños, aunque sean menores, pequeños e indefensos nos ofrecen una gran sabiduría. En la interacción consciente con ellos nos damos cuenta de la capacidad humana que tienen para aprender, poner límites, ser independientes y disfrutar de la grandeza de lo simple, muchas veces mejor que nosotros.

Para mí, los niños son lo más importante y valioso de Guatemala, pues en ellos está la potencialidad de convertirnos en nuestra mejor versión, que a su vez les permitirá a ellos ser su mejor versión. De los niños y las niñas conversaremos en la cuarta cumbre de Nueva Narrativa.