Si me permite

Maestro es el que más se aprecia cuando no está

Samuel Berberián samuel.berberian@gmail.com

Publicado el

“Después de tus padres has de tener tus maestros y tutores de tus costumbres, que son las cosas más preciosas que hay en el hombre.” Luis Vives

Frecuentemente cuando se está estudiando y se hacen comentarios sobre los maestros que nos están dando las clases no siempre son halagadores, y menos de admiración para la gran mayoría, salvo honrosas excepciones, cuando se le reconoce que es una persona especial por lo que sabe o por su manera de enseñar. Es muy diferente cuando el tiempo pasa y los recuerdos surgen de nuestros maestros que llegan a ser de una admiración muy especial.

Es sorprendente cómo muchas veces los maestros tienen más claro el potencial del alumno para alcanzar ciertos horizontes cuando ni este lo cree, pero cuando uno permite que el maestro lo guíe y lo oriente, puede de ese modo lograr la apertura de desafíos que anteriormente nunca había soñado y llega a ser cierto. Al alcanzarlos uno debe darle el debido crédito al maestro, aunque para ese entonces quizás ya no esté en el panorama de nuestra vida.

Por eso, con el tiempo llegamos a cultivar un aprecio muy particular hacia los maestros que en un momento de nuestra vida hicieron un alto, tomaron el tiempo con nosotros y pudieron despertar la chispa inicial por la cual desarrollamos una profesión y capacidad que para algunos ni en su casa podrían creer que pudiera emprender.

Es de gente responsable dar el debido crédito a los que tomaron el tiempo y el interés de ver el potencial en nosotros y encaminarnos en algo que ha llegado a ser parte de nuestro modo de ser y marco de referencia de las capacidades que tenemos.

Es muy cierto que los maestros de vocación son hombres y mujeres visionarios, y es posible que lleguen a soñar con sus alumnos al extremo de que los logren embarcar en sus sueños, y cuando lo aceptamos llegamos fácilmente a cristalizar esos sueños en una vivencia para nuestra propia vida.

Cuando revisamos nuestro pasado y el proceso de nuestra formación, podemos ver claramente el modo como algunos maestros han dejado un toque muy particular al extremo de que en nuestras relaciones, si hay quienes han conocido a nuestros maestros, pueden identificar cómo se destaca el perfil de ellos, haciendo honor a lo que pudieron invertir en la vida de sus alumnos.

Si en algún momento tenemos la oportunidad de regresar y agradecer el trabajo que ellos hicieron para que nosotros alcanzáramos las metas de esta vida, sería lo más justo y lo más loable, porque no podemos pretender que lo alcanzado sea por nuestro esfuerzo y trabajo, pero con negar esa realidad no podemos ignorar las etapas formativas que nos permiten avanzar y lograr el progreso en nuestra vida.

A la verdad, todos de alguna manera somos maestros en las interrelaciones personales que a diario tenemos, y bueno sería ayudar a otros a mejorar y aprender algo que nosotros sí sabemos y que podemos orientarlos para que aprendiéndolo cambien su panorama.

Porque, la verdad, lo loable es que cuando no estemos se nos recuerde y se haga memoria de haber invertido en alguien ayudándole a aprender algo por lo cual ha llegado a ser lo que es y puede de ese modo repetir el proceso.

Porque al final todos somos maestros si compartimos lo que aprendimos para que otros lo tengan y lo mejoren también.