Si me permite

Más se valora el final que simplemente el inicio

“La vida es una obra de teatro que no permite ensayos. Por eso viven intensamente cada momento antes que el telón baje y la obra termine sin aplausos”. Sir Charles Chaplin
En el día de hoy, al igual que en la historia, difícilmente se registra quiénes son los que inician algo, pero se deja registrado quiénes llegaron al final y además el tiempo y el esfuerzo que les tomó alcanzar la meta que se habían trazado.

Esta realidad explica por qué hay más gente esperando a los participantes al final de una competencia y no tanto en el inicio de ella. Los trofeos y aplausos, juntamente con los abrazos, son de aquellos que llegan y lo hicieron legítimamente. Eso fácilmente explica que el número de los que inician algo es mayor que el de quienes logran finalizar.

Hemos ya iniciado el año y cada uno, en forma manifiesta o muy probablemente en la intimidad de su corazón, se ha propuesto rumbos para alcanzar sus sueños o bien poder cumplir con sus obligaciones. Cuando no se logra lo planificado en primera instancia deja un mal sabor para aquellos que se lo habían propuesto, pero además, para aquellos que de una manera u otra dieron acompañamiento. Hay cierta frustración tanto por lo que se habían ilusionado como también si habían invertido en ellos para lo propuesto, porque no dejó la esperada rentabilidad de su inversión.

Uno entiende que la finalización de algo tiene sus etapas, que pueden ser evaluadas y permiten saber si se logrará o no. En el ejemplo de alguien que participa en una maratón hay elementos que comunican si alcanzará la meta y la dificultad que está superando para lograrlo. Igualmente se puede decir de aquellos que inician sus estudios y han escogido una carrera para poder un día graduarse y ejercerla. Fácilmente su determinación y dedicación permite ver con cuánta facilidad lograrán alcanzar la coronación de sus estudios.

Cada uno de nosotros debemos aceptar que a diario estamos corriendo, como si fuera una carrera, los compromisos que hemos adquirido, sean estos de trabajo o estudio o simplemente una relación en la familia de cónyuges o padres de familia. Cuando estamos haciendo nuestra parte no necesariamente debe ser por lo que otros nos presionan, sino por el contrario, es algo que nosotros mismos nos imponemos para poder conservar el ritmo que las obligaciones adquiridas nos piden y así avanzar paso a paso.

Aquí es donde el criterio de la persistencia tiene una forma muy específica en cada uno de nosotros, dependiendo de la personalidad y el carácter que hemos desarrollado y hemos entendido del ritmo de la vida. Es evidente para cada uno de nosotros que los sacrificios que tuvimos que hacer en el ayer, hoy están pagando el dividendo que tanto habíamos anhelado. También tenemos presente de aquellos que un día iniciaron con nosotros pero se quedaron en el camino. No es para juzgarlos, sino aprender de ellos para evitar iguales resultados.

Uno debe escoger una de dos mentalidades muy populares de nuestro entorno para alcanzar lo propuesto para nosotros. La tan comúnmente escuchada “yo me rindo” o simplemente los que dicen “yo hasta aquí llego” no solo no es sano, sino también puede ser contagioso. Mejor escoger la otra mentalidad: “yo sí sigo, cueste lo que cueste”. El seguir o no está más en la voluntad que en la capacidad de la persona.