De mis notas

Matrix del miedo

Alfred Kaltschmittalfredkalt@gmail.com

Desde los tiempos bíblicos, el hombre reacciona en los momentos de crisis, guerras, pestes y cataclismos naturales, de maneras irracionales. El ser humano reacciona de acuerdo a los estímulos que recibe de sus semejantes. Y si hay que quemar gatos negros para evitar la peste, o echarse cenizas de rana para calmar los espíritus malignos, porque todos lo están haciendo, pues así lo harán, tal como lo vienen practicando desde los tiempos medievales, con diversos tintes de adaptación transgeneracional. El común denominador es el reflejo irracional causado por el temor y el pánico.

De esa cuenta nos volcamos a los supermercados para comprar para “los malos tiempos, en caso de que esto se alargue”… Más papel higiénico, más alimentos, más alcohol, sí, mucho alcohol y desinfectantes, y Maseca, y muchas latas. Y ayer mi concuño no podía entrar a un Walmart de nueva Orleans porque estaba saturado y habían llegado al límite de 300 compradores a la vez. ¿Por qué esa vorágine de compradores? Es el resultado de las cadenas de mensajitos “chupacabras”, de esos que dicen que dicen, que hay que hacer algo más que lavarse las manos y estornudar tapándose con el antebrazo, no dar la mano, evitar tocarse la cara y evitar las aglomeraciones. Es el síndrome denominado “fomo” (fear of missing out) o temor a perderme algo o estar excluido de algo.

Hay que aterrizar en la realidad. Estamos frente a una crisis compleja, multidimensional, difícil de manejar con la precariedad sistémica institucional que tenemos como país tercermundista. Los hospitales viven al borde del colapso, sin estar en crisis. El cumplimiento de las normas sanitarias para la prevención es compleja, dada la escasez de agua en un porcentaje considerable de asentamientos y colonias, escuelas, etc. El transporte público es el lugar más vulnerable para la transmisión del virus. Cada pasajero es un potencial portador asintomático. Evitar las aglomeraciones en las paradas es casi imposible, especialmente por las nuevas disposiciones de reducir a 50 personas por transporte.

Podemos adelantar con bastante certeza los escenarios que nos esperan comparando lo que Italia, España, Corea del Sur y China están enfrentando. El panorama es sombrío, especialmente cuando se examinan las posibles medidas de contención a implementar y sus respectivos costes económicos y sociales: 1. La vacuna contra el coronavirus ya existe: es quedarse en casa. La reclusión total. Esta medida, cuando se observa ante cuadros estadísticos, es clarísima. Es lo que hicieron en China y bajaron la propagación del virus en forma dramática. La paralización total, aunque de enormes costes económicos, a la larga es la única manera de detener el virus a un costo más bajo, especialmente por el ahorro en el costo por paciente infectado, internado, recluido y en cuarentena.

Guatemala no podría implementar tal medida. Aunque ya la inercia propia de la crisis ha afectado a la mayoría de la industria de servicios, especialmente la turística. La industria hotelera con las fronteras cerradas entra en crisis.

Se pueden adelantar los escenarios que se vienen en cuanto se propague el virus y el sistema hospitalario colapse, por eso es una buena idea utilizar el Parque de la Industria como un centro para recepción del desfogue hospitalario.

Hay mucha confusión en cuanto a las pruebas del coronavirus, y es que no funciona en pacientes asintomáticos; es decir, con personas que no tienen fiebre, tos, etc. Pero eso es otro tema. La cantidad de pruebas, su accesibilidad y su coste. #juntos saldremos adelante. La vacuna contra el virus eres tú, somos todos.

Con la ayuda de Dios.