Aleph

Mendigos, mediocres y sin vergüenza

Carolina Escobar

Cuando el ex presidente James Morales entró, hace poco más de un año, a un hotel citadino para tomar posesión en el Parlacen al final de su mandato y ganar con ello inmunidad, pensamos que asistíamos a su más deplorable interpretación como payaso. Insuperable, dijimos. Pero los corruptos guatemaltecos siempre se superan. Del gobierno del obediente cachorro del pacto de corruptos que negoció para él y su familia la libertad a cambio de dejar un país en ruinas, saltamos a otro agujero negro sin aparente fondo.

No tengo certeza de poder hablar de la existencia de una clase política en Guatemala, pero lo cierto es que, cada vez más, los políticos y sus patrones corruptos se pintan de cuerpo entero por su condición de mendigos, mediocres y desvergonzados ladrones. Por ejemplo, en nombre del gobierno guatemalteco agradecen 5 mil vacunas que nos regala Israel, cuando el vecino país de El Salvador cuenta ya con una política de Estado que ha definido la compra y distribución inmediata de millones de vacunas como parte de un proceso que ya está en marcha y busca llegar pronto a toda la población. Todo, pagado con fondos estatales. Guatemala, que podría haber hecho la compra de vacunas de manera directa, ni siquiera las ha recibido. Y la eterna privatización de la salud hace predecir (ojalá me equivoque), que muchas personas terminarán comprando las vacunas. ¿O acaso no acabamos de ver la compra por Q7 millones de pruebas falsas en la que hay involucradas autoridades de gobierno y empresarios que deben enfrentar cargos?

Vamos al ámbito educativo. En Guatemala el presidente entrega bolsitas de útiles y dice que habilitará centros con veinte computadoras en una escuela modelo. Por otra parte, recientemente hubo una reunión de Directores de los centros educativos del municipio de Carchá; la instrucción gubernamental fue que quedaba prohibido el regreso a clases en todos los centros que no contaran con agua potable. Siendo que aproximadamente un 85 por ciento de los centros no cuentan con ese servicio, y tampoco hay acceso a internet o a computadoras, seguiremos viendo ausentismo y deserción escolar. Mientras, en El Salvador el gobierno entregará 1.2 millones de computadoras para el 100 por ciento de estudiantes y docentes del sector público, a un costo de U$450 millones, con fondos propios del gobierno. No es difícil imaginar en cuál de los dos países se tiene una visión estratégica alrededor de la importancia de la niñez en la construcción de un país, así como en cuál de los dos la brecha digital se cerrará primero y la educación permitirá futuros más promisorios. Más aún, en la vecindad se puede identificar en dónde se invierte el dinero, mientras aquí la rendición de cuentas sigue siendo un tema pendiente y el ex secretario privado de la presidencia es ligado a uno de los grandes casos de corrupción recientes.

Durante el Estado de Calamidad decretado en tiempo de pandemia, el gobierno de Giammattei realizó préstamos millonarios que, por un par de generaciones, tendrán a Guatemala significativamente más endeudada. Y esto no se habría visto tan mal, si no fuera porque todos los indicadores sociales y económicos (menos el de la sacrosanta y engañosa estabilidad macroeconómica), están por los suelos. Guatemala es hoy África y Haití en ámbitos como la desnutrición, la educación y la salud. La actual administración de gobierno en Guatemala, que ha demostrado jugar a gusto en la cancha de los corruptos, ni siquiera ha logrado cumplir las promesas mínimas de campaña.

Con el tema de la elección de la Corte de Constitucionalidad (CC), estamos a la orilla del abismo. Si perdemos la CC en manos de los corruptos, lo perdemos todo. Queremos que las entrevistas a candidatos sean públicas; lo merecemos. Guatemala pasa por momentos oscuros y los mediocres ladrones que nos gobiernan no dejan de extender la mano al mejor postor. Un postor que, por cierto, ya no tiene vergüenza de decir a quién compra, porque sabe que siempre se puede pedir perdón. Y luego, todo sin novedad.