Si me permite

Metas claras crean la oportunidad de competir

Samuel Berberián samuel.berberian@gmail.com

Publicado el

“Mi meta no es ser mejor que alguien, sino ser mejor de lo que solía ser”. Wayne W. Dyer.

No hay cosa más triste que alguien que de alguna manera exprese o deje entrever que no tiene un propósito específico o una meta en la que esté enfocado, por lo cual los días pueden transcurrir y solo es la suma del tiempo que se ha estado en esta vida, pero en un modo de progresión no ha logrado ningún avance. Muy diferente a los casos en que a cada hora que se está viviendo se sabe la dirección que lleva y dónde están enfocadas, para un día tener la satisfacción de lo que han logrado.

Las metas que tenemos cada uno de nosotros se establecen con la debida planificación y luego se comparten, si es que lo justifica, y dependiendo del nivel de relación que se tiene, para que haya una razón por la cual se les informa sobre la meta que estamos pretendiendo alcanzar.

Es indiscutible que en cada meta que se propone alguien tiene que tener presente cuáles son las virtudes y habilidades con las que se cuenta, pero también las limitaciones o bien las debilidades, que son definitivamente claras para uno, aunque los que nos rodean no puedan notarlas y tampoco necesiten saberlas.

Cuando una mentalidad de conformismo es parte de la vida, difícilmente se puede esperar que se detecten las oportunidades, o cuando el medio en el que nos desempeñamos nos abre una puerta que nos puede ofrecer nuevos horizontes que nos permitan competir y, mejor aún, cuando calificamos, poder avanzar y sin lugar a duda mejorar nuestro diario vivir.

Es admirable cómo las metas que se nos presentan a cada uno de nosotros son invitaciones para que la acción despierte en nosotros y empezar a visualizar aquello que posiblemente estaba allí, pero antes no lo habíamos considerado, el elemento de la acción mueve todos los demás elementos para que entre el antes y el ahora haya una diferencia fundamental, porque no se cambia por cambiar, sino para progresar y saber entender que lo que ahora se me está ofreciendo posiblemente nunca más se me presentará.

Muchos, teniendo la oportunidad de competir, no lo han hecho porque esperaban que una medida de flexibilidad pudiera considerarse para que no estuvieran bajo la máxima de las presiones cuando estuvieran compitiendo, y eso en verdad nunca se podrá esperar. Las metas y los logros son inflexibles, por ello son constantes, para que los desafíos que nos proponen sean no solo justos, sino también gratificantes.

Todos podemos tener idénticas oportunidades y también idénticas capacidades, pero no todos tenemos la misma formación de disciplina y determinación para actuar y responder ante lo que se nos pone por delante como un reto de una oportunidad.

Cuántos por tenerlo que pensar bien y sopesar todo lo que eso implica no lograron ni siquiera entrar en la competencia. Simplemente fueron observadores pasivos y sin duda con una infinidad de opiniones, pero no acciones.

Cada mañana que la vida nos permite despertar es una nueva oportunidad para competir y valorar las metas que nos habíamos trazado o redefinirlas a la realidad que tenemos por delante y responder con la máxima acción, con la mentalidad de “esta es mi oportunidad y no la dejaré pasar”.

Y sin lugar a duda, muchas gratificaciones serán nuestras si la idea se cambia en acción y esa acción, en una constante determinación.