Punto de encuentro

Miserable, ruin y traidor

Marielos Monzón @MarielosMonzon

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El ejercicio abusivo del poder ha sido la característica principal de este desgobierno. Lo fue desde el momento en que Jimmy Morales decidió utilizar su cargo para protegerse de los señalamientos de corrupción contra él, su hijo, su hermano y algunos de los miembros de su círculo cercano.

Desde entonces ha retorcido la ley, desobedecido las resoluciones judiciales, utilizado el aparato de gobierno para defender sus intereses, empleado los cuerpos de inteligencia y de seguridad del Estado para vigilar y perseguir a sus detractores y convertido la política exterior en la moneda de cambio para garantizarse inmunidad e impunidad.

La decisión de trasladar la embajada de Guatemala en Israel, de Tel Aviv a Jerusalén, fue la mejor manera que encontró para congraciarse con el gobierno de Donald Trump y obtener luz verde para deshacerse de la molesta comisión internacional de las Naciones Unidas que le pisaba los talones. “Tomamos una decisión valiente”, dijo en aquella ocasión, a sabiendas de que, por el contrario, se trataba de una movida sucia de un pusilánime que vendía la dignidad de un país para salvar su pellejo.

Sintiéndose respaldado por el gobierno de los Estados Unidos y por su presidente —que le tiene ojeriza a la ONU—, hizo un berrinche en el medio de la Asamblea General contra el Secretario General, Antonio Guterres, a quien destrató llamándolo “indiferente y pasivo” y, un año más tarde, de forma unilateral terminó con el acuerdo que dio vida a la Cicig, exprimiendo hasta la última gota los beneficios de aquella “jugada” de política internacional que abrió la puerta a la regresión autoritaria que hoy vivimos.

Por supuesto que en esto no estuvo solo. Contó con el apoyo incondicional de la élite económica, que pagó un millonario cabildeo en Washington y se cobró los favores del financiamiento de campaña, que regularmente hace por la vía de bufetes de abogados gringos, a personajes del ala más conservadora y retrógrada del partido Republicano.

Todo pesó, el lobby de las iglesias pentecostales, el israelí y el de la Asociación del Rifle. Al mismo tiempo que vociferaban en Guatemala contra la “injerencia extranjera” se ponían al servicio del poderoso vecino del Norte, para reiterar que seguimos siendo “su patio trasero”.

El éxito del perverso plan que le idearon a Morales estos personajes que mueven los hilos desde los cuartos más oscuros del poder (está claro que el papel de Jimmy en todo esto es el de marioneta), les animó a continuar con el bacanal de la corrupción. Y una tras otra han dado muestras de que su vileza no tiene límites.

No habíamos salido todavía de la malograda compra “exprés” de los aviones militares argentinos cuando nos enterábamos de que el cabildeo en el Departamento de Estado gringo estaba a todo vapor porque Jimmy quería quedarse un tiempo más en el poder o, por lo menos, garantizarse un salvoconducto una vez culminada su presidencia. El trueque en esta oportunidad es convertir a Guatemala en una enorme cárcel para migrantes, por la vía de la firma de un acuerdo ilegal como “tercer país seguro”.

Hay que ser muy miserable para utilizar como canje la vida de miles de personas que huyen de sus países —incluido el nuestro— desesperadas por la miseria, el hambre y la violencia. Hay que ser muy ruin para generar una crisis humanitaria de dimensiones impredecibles al ceder la soberanía de nuestro país a costa del sufrimiento de los migrantes, y un traidor para desconocer las promesas de apoyo que le hizo a la comunidad guatemalteca en Estados Unidos, de la que incluso recibió aportes financieros.