A contraluz

Momentos aciagos para el periodismo

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Este 30 de noviembre, Día del Periodista, diario elPeriódico cerró su edición impresa como parte de las presiones que ha afrontado desde hace más de cuatro meses. Los enemigos de la democracia y la libertad de expresión no solo buscaban silenciarlo, sino asfixiarlo económicamente. Su presidente, Jose Rubén Zamora, se encuentra encarcelado desde julio pasado, por un caso fabricado por las fuerzas oscurantistas que buscan acallar toda forma de crítica. Esas fuerzas que están enquistadas en los organismos Ejecutivo, Legislativo y Judicial, así como en el Ministerio Público, creen que de esta forma han logrado silenciar una de las voces que más ha denunciado la corrupción. Pero la batalla periodística no ha concluido. Al contrario, en su página web, diario elPeriódico anuncia que este mes tendrá seis ediciones especiales y en enero volverá con un periódico digital más fortalecido.

No es la primera vez que este medio afronta una situación difícil. En los años 90 formé parte de elPeriódico como su jefe de Redacción y pude vivir las presiones políticas y económicas que afrontaba por su línea de periodismo crítico. En ese entonces pude ver cómo el diario vivía casi al día en términos económicos y Jose Rubén hacía esfuerzos para financiar cada edición y lograr el pago de la planilla de trabajadores. Tengo recuerdos gratos de esa época porque fue una de las más fecundas que tuve en materia periodística, ya que no había presiones editoriales para desarrollar investigaciones. De hecho, elPeriódico se ha distinguido por mantener, desde su fundación, una línea de periodismo investigativo que ha denunciado la corrupción y la impunidad de los grupos de poder, en todas sus manifestaciones. En medio de esas limitaciones económicas, el diario se convirtió en un referente de periodismo crítico.

Otros medios también han vivido momentos aciagos. El semanario La Época, que mantenía una línea crítica, apenas pudo sobrevivir cuatro meses. En mayo de 1988, sus oficinas fueron destruidas por un bombazo en pleno centro capitalino y tuvieron que irse al exilio su director y su jefe de redacción. Se vivían momentos difíciles cuando el gobierno de Vinicio Cerezo estaba asediado por sectores militares que buscaban derrocarlo y que se lanzaron contra el periodismo independiente. En los años 1990, el semanario Crónica se distinguió por contar con una plantilla de excelentes periodistas que impulsaron un periodismo de investigación que no fue de agrado de quienes detentaban el poder. Debido a su perfil crítico, la secta Opus Dei y el presidente Álvaro Arzú Irigoyen buscaron la forma de silenciarlo. Este mandatario se encargó personalmente de llamar a sus amigos empresarios para pedirles que dejaran de anunciarse en el semanario, hasta asfixiarlo económicamente.

Una situación trágica también se afrontó durante el conflicto armado interno, cuando decenas de periodistas fueron secuestrados y asesinados por alzar su pluma en contra de la corrupción y la impunidad. En la actualidad, varios periodistas han sido amenazados y perseguidos, mientras otros han tenido que salir al exilio para no ser víctimas de los sátrapas que buscan silenciarlos. Por eso, el pasado Día del Periodista no fue una fecha para celebrar, sino para conmemorar la lucha por la libertad de expresión que los comunicadores han librado contra los enemigos de la libertad de expresión. Los periodistas dignos no condecoramos a funcionarios corruptos como el alcalde Ricardo Quiñónez, sino que en su lugar ejercemos nuestro derecho a informar para desvelar las formas en que individuos como él hacen piñata los recursos públicos. Quienes premian a ese tipo de políticos perversos se convierten en cómplices de sus abusos de poder. El periodismo digno sigue librando una batalla por la libertad de expresión, sin concesiones de ningún tipo.