Fuera de la caja

Musk y Twitter: influencia y poder

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La cultura cibernética camina hacia una nueva era. Luego de la oferta de USD44 mil millones —3.17 veces el presupuesto anual del Estado de Guatemala— hecha por Elon Musk para adquirir el control de Twitter, la aplicación se convertirá en una plaza virtual abierta para que todos en el mundo, en palabras del inversor, “puedan expresarse libremente”.

Cuando se complete la compra, Twitter eliminará las cuentas automatizadas o bots, que serían aproximadamente el 15% de los perfiles de la aplicación, de acuerdo con el estudio publicado por la Universidad del Sur de California en 2017 y refrendado hace un par de semanas por la aplicación.

El nuevo propietario buscaría reducir la censura; de hecho, ha propuesto reactivar la cuenta del expresidente norteamericano Donald Trump.

Musk está consciente del valor de la comunicación en el mundo actual. Así lo evidenció una semana después de iniciada la invasión rusa a Ucrania, cuando Putin ordenó el bloqueo de las telecomunicaciones al país invadido y el millonario ordenó mover varios satélites de su red Starlink para dar internet gratuito a los ucranianos y hacer que el mundo pudiera enterarse de lo que estaba sucediendo.

La irrupción de Musk en las redes sociales es parte de un fenómeno social y económico del que son partícipes otros magnates. De acuerdo con la edición europea del 26 de abril de The Financial Times, megacapitales vinculados con tecnología han adquirido varios medios de comunicación del mundo: Jeff Bezos, fundador y propietario de Amazon, es dueño de The Washington Post; Laureen Powell —la viuda de Steve Jobs— es propietaria de la revista conservadora The Atlantic; y Marc Benioff, fundador de la compañía de base datos y servicios online Salesforce, es el propietario de la revista Time.

Newsweek, en su edición del 13 de mayo, publicó que Meta —la compañía que opera Facebook, Instagram y WhatsApp—, Google, Amazon, Apple y Microsoft tuvieron ventas en 2021 que superaron USD1.2 trillones, y que sus inversiones para expandir su actividad y dominio equivalen al 10% de las realizadas por todos los negocios en los EE. UU.

Lo que está ocurriendo en el ámbito de la tecnología y las redes sociales invita a la reflexión y discusión. La gestión de la privacidad de los usuarios vincula un gigantesco negocio que enlaza preferencias, control de la confidencialidad y la posibilidad de abrir o limitar la libertad de expresión. El manejo inadecuado del respeto a la privacidad le costó USD232 billones a Facebook cuando la compañía intentó sin éxito obligar a sus usuarios a aceptar un rastreo de sus contenidos en WhatsApp, empresa de Meta liderada por Mark Zuckerberg.

La comunicación es influencia, y esta deriva en poder. Musk y sus 86 millones de seguidores influyen en las redes sociales, casi al nivel del expresidente norteamericano Barack Obama, que cuenta con 132 millones de seguidores. Algo similar ocurre con el cantante Justin Bieber, con 114 millones; la artista Kathy Perry, con 109; la cantante Rihanna, con 106; y el futbolista Cristiano Ronaldo, con 99 millones de personas pendientes de sus mensajes. Lo que este selecto club de referentes de las redes comunica impacta inevitablemente en el pensamiento colectivo.

Musk deberá consolidar su compra, pero ya adelantó que se adecuará a la nueva Ley de Servicios Digitales de la Unión Europea, relativa a la protección de la privacidad de los usuarios y también anunció que reactivará la cuenta de Trump.
¿Plataformas de comunicación o redes de influencia? Bienvenida la discusión.