Aleph

“No abandone la democracia”

Carolina Escobar

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“Si yo pudiera darle un consejo a Daniel Ortega, se lo daría a él y a cualquier otro presidente: no abandone la democracia, no abandone defender la libertad de expresión, la libertad de comunicación, porque eso es lo que fortalece la democracia. Yo me recuerdo que una vez estaba dando una entrevista con el expresidente Uribe, él quería reformar la Constitución para tener un tercer mandato. Un periodista me preguntó si yo era favorable al tercer mandato y dije que no, no soy favorable al tercer mandato porque creo que cuando uno piensa que no hay nadie para sustituirnos, nos estamos transformando en dictadores. (…) Para Nicaragua, una alternancia en el gobierno sería buena”, dijo Lula en una entrevista reciente, cuando le preguntaron qué pensaba sobre la situación en aquel país.

Lula y Ortega no son hoy mi tema; en cambio sí lo son la democracia y las dictaduras. Claro que no se deja de observar lo que está sucediendo en las vecindades y tampoco de relacionarlo con lo que nos sucede en Guatemala, donde la escalada de corrupción e impunidad ha venido saliéndole bien al Pacto de Corruptos, que ha logrado institucionalizar una dictadura bastante orgánica y corporativa. Los últimos pasos estratégicos de esa dictadura-a-la-guatemalteca permitieron la estocada final de la fiscal general en un doble movimiento: primero despidió ilegalmente a Juan Francisco Sandoval, jefe de la Fiscalía contra la Corrupción y la Impunidad (Feci), quien llevaba casos sensibles que podrían llegar al mismo presidente de la República, entre otros; su segundo movimiento lo hizo al poner en ese puesto al fiscal Rafael Curruchiche, señalado por servir leal y oficiosamente a la alianza criminal.

En medio de este sismo político, que ha venido a competir con el problema sanitario y la pregunta de ¿dónde está el dinero de las vacunas?, la sociedad en general se muestra cada vez más agotada, frustrada, enojada e indignada. La gasolina ha subido desmedidamente y no logramos ver aún cómo impactará esto en una canasta básica cada vez más inalcanzable en los escenarios poscovid. La televisión abierta y los medios que han servido y siguen sirviendo a la alianza criminal también han cerrado filas. Mientras, seguimos viendo cómo se aferran, también en los poderes Legislativo y Judicial, los operadores del pacto de corrupción y preparan los escenarios para la próxima campaña electoral. Los tres poderes del Estado se han alineado y han secuestrado las instituciones sin que les importe mucho la democracia.

Los pueblos indígenas siguen marcando un parteaguas incuestionable en el ejercicio de la resistencia y llaman a un nuevo #ParoNacional para los días 5 y 6 de agosto. Y me vuelvo a reír de quienes hablan de paralizar la economía y el trabajo por 48 horas, cuando por siglos se han paralizado las vidas de millones de guatemaltecos y guatemaltecas que nunca accedieron a la educación, a la salud, a las oportunidades. Los pueblos indígenas tienen su propia forma de organización, y no tienen mucho más que perder que lo que han perdido hasta ahora.

La dignidad no es una palabra, es una forma de vivir y de actuar. Es lo que nos toca rescatar para Guatemala. ¿Qué viene ahora? ¿Qué hacer cuando los tres poderes del Estado cierran filas alrededor de la impunidad y la corrupción? ¿Adónde va Guatemala a la sombra de esta dictadura? Para mí es aún incierto, pero sé que es totalmente insostenible una democracia en estas condiciones. Los pueblos indígenas, la juventud y las mujeres parecen ser los nuevos protagonistas de este tiempo y los herederos de un músculo ciudadano que comenzamos a formar en el 2015. Hoy sostengo la esperanza desde mi visión de largo plazo, a tono de lo que alguna vez dijo Cortázar: “Probablemente de todos nuestros sentimientos el único que no es verdaderamente nuestro es la esperanza. La esperanza le pertenece a la vida, es la vida misma defendiéndose.”