Civitas

No desfallezcamos

Esta semana se discutieron en el Congreso dos leyes con severas consecuencias para los ciudadanos. La primera de ellas fue la Ley del Presupuesto para el año 2021, y la segunda unas reformas a la Ley de Acceso a la Información Pública.

El presupuesto para el próximo año fue aprobado a altas horas de la noche y sin mayor discusión ni análisis en el pleno, como si hubiera sido preaprobado y pactado por varias bancadas con antelación; sin mencionar que el contenido del mismo permite entrever, sin mayor dificultad, que la prioridad de los diputados no es el desarrollo del país, mucho menos los ciudadanos.

Por otra parte, la Ley de Acceso a la Información Pública es una de las pocas herramientas que los ciudadanos tenemos para fiscalizar a las instituciones públicas, al permitirnos y obligar a las instituciones a proporcionar datos que se encuentren en sus registros. Si algo se debiese de estar discutiendo es cómo fortalecer dicha ley y no cómo entorpecer la forma en que se puede solicitar dicha información.

Derivado de lo anterior, de los ataques y burla a la ciudadanía por parte de los diputados, los supuestos representantes del pueblo, es que se llevó a cabo una protesta ciudadana el día de ayer. Una protesta en donde participaron personas de distintas ideologías unidos por una causa común: el rechazo a la corrupción. Y es importante que dicha causa común se mantenga, y solo se va a lograr mientras no haya grupos queriendo imponer una bandera distinta a la de Guatemala y en donde los ciudadanos comunes, de a pie, los que trabajamos o estudiamos, podamos ir, con amigos o en familia, inculcándole a las futuras generaciones ese involucramiento en la cosa pública.

Las protestas ciudadanas son importantes, ese involucramiento por parte de los ciudadanos en la cosa pública es importante. Por décadas no lo hemos tenido en Guatemala, pero progresivamente y de forma orgánica se ha empezado a desarrollar, y si hay una causa que nos une a los guatemaltecos de todas las ideologías es la lucha contra la corrupción y el abuso de poder.

No hay que perder de vista que una manifestación, sola y por sí misma, no produce ningún cambio. Pero sí puede ser el inicio, pueden dar origen a grupos, organizaciones, ideas y propuestas que sí produzcan cambios. Y uno de los cambios que debiésemos de perseguir, y no descansar hasta conseguirlo, es la forma en que elegimos diputados, en que elegimos a nuestros representantes en el Congreso.

Actualmente, a nuestros diputados los elegimos por listado, es decir, votamos por un partido y dependiendo del número de votos que dicho partido obtenga, entra un número de diputados que esté en su listado. Esto favorece a que muchas veces no sepamos quiénes son los diputados que nos representan, es decir, qué diputados, con nombre y apellido, representan a los capitalinos en el Congreso, por ejemplo. Al mismo tiempo, favorece a que los diputados no sientan mayor responsabilidad por la forma en que votan, pues como sus electores no votaron por ellos directamente, ni saben quién los representa, no les exige ni ponen en riesgo su reelección para el próximo período. De tal cuenta podemos ver cómo no tuvieron ningún problema para aprobar quinientos mil quetzales para sus almuerzos, como si no ganaran lo suficiente para comprar su propia comida y no estuvieran en uno de los países con mayor tasa de desnutrición infantil.

No desfallezcamos hasta lograr ese cambio, hasta que podamos elegir a los diputados nominalmente, votar por un nombre y apellido para poder exigirle después, para hacerlo responsable de sus decisiones.