Con nombre propio

“No puede descubrir quien encubre”

Alejandro Balsells Conde @Alex_balsells

El 24 de abril de 1979, bajo el título de esta columna fue publicado un campo pagado por la familia de Manuel Colom Argueta, quien había sido asesinado el 22 de marzo de ese año, en él se responsabilizaba de manera directa al gobierno y a las autoridades civiles y militares de su cobarde asesinato, la reacción oficial fue denunciarlos por desacato, la justicia era cómplice de la represión.

Manuel Colom fue un excelente alcalde de la Ciudad de Guatemala (1970-1974), en cuatro años y con oposición del Gobierno central echó a andar el Anillo Periférico —¿qué sería de esta ciudad si no existiera?—, el más amplio alcantarillado profundo y extenso que hubiese sido construido, y planificó la metrópoli hasta el año 2000, si quienes lo relevaron hubieren seguido la planificación otra ciudad tendríamos.

Gobernaba Romeo Lucas García, la represión estatal se dejaba sentar en lo urbano como en el campo. La “violencia selectiva urbana” era ejecutada con total impunidad y los cuerpos clandestinos mataban, desaparecían y torturaban a quien quisieran. Lucas prometió garantizar mayor apertura democrática que sus antecesores Laugerud y Arana. El vicepresidente Francisco Villagrán Kramer, en teoría, garantizaba alguna posibilidad de éxito.

Lucas prometió tolerancia y con dicha esperanza Manuel Colom permaneció en el país, su organización el Frente Unido de la Revolución (FUR) había sido inscrito el 15 de marzo de 1979 y se preparaba la primera asamblea, dos meses antes había sido asesinado frente a la Escuela Politécnica el doctor Alberto Fuentes Mohr, otro dirigente de izquierda democrática. En su última entrevista Manuel Colom dijo: “En este momento, cuando reconocen mi partido, lo difícil es lograr que no me maten, ya que las técnicas de la ultraderecha para sostenerse en el poder han cambiado… En la actualidad la derecha ha enarbolado la bandera del crimen, jugando al asesinato político”.

El próximo viernes 22 se cumplen 40 años del asesinato de Manuel Colom y tanto las generaciones que vivimos lo narrado, como las actuales, debemos conocer la historia, porque la intolerancia hacia el pensamiento ajeno ha sido regla. Este crimen marcó un hito en nuestra realidad política, porque terminó la esperanza de un cambio electoral pacífico en aquel momento.

Manuel Colom, un verdadero social demócrata, con la palabra y sus estudios bajo el brazo usaba el argumento como arma y el pensamiento como escudo, esto con aquellos gobiernos militares era afrenta.

Guatemala ha sufrido sangre por la violencia y la descalificación, pero lo más preocupante, con actitudes sociales justificadoras de crímenes. El asesinato de Manuel Colom fue dirigido por el general David Cancinos, quien fungía como jefe del Estado Mayor y pretendía ser candidato oficial, este personaje subido en un helicóptero comandaba los cuidadosos círculos diseñados para matar al intelectual. Si un general comandó aquel operativo, sin duda otros militares o personas muy afines a la institución actuaron de manera impune aquel 22 de marzo a las 11 de la mañana en la 3a. avenida y 5a. calle de la zona 9, junto a Manuel Colom fueron abatidos sus dos guardaespaldas.

Con la muerte de Manuel Colom terminó la posibilidad de construcción democrática y pacífica, de ahí la razón de que las acciones de violencia en el campo llegaron hasta a prácticas genocidas, su asesinato fue un crimen de Estado.

A 40 años de aquel 22 de marzo, aún estamos a la espera de que un militar o civil involucrado, uno solo, con gallardía y un poco de dignidad diga lo sucedido y abandone la complicidad de la cobardía. No podremos construir futuro si el ejército, como institución pública y sujeta a la ley, encubre los vergonzosos hechos en los que participó.