CABLE A TIERRA

Nochebuena y Navidad en una economía excluyente

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Para creyentes y no creyentes, las fiestas navideñas y de fin de año son uno de los tres momentos más significativos en el calendario anual, junto con la Semana Santa y el 1 y 2 de noviembre. Por supuesto, hay otros momentos y festividades, pero es en estas tres fechas que muchos procuramos un poco de solaz. Para algunos, esto es motivo de alegría, al tener un poco más de tiempo a la familia y los amigos, para tomar un descanso e inclusive, vacaciones; para otros, son fiestas que alimentan el espíritu y les insuflan nuevas fuerzas para seguir adelante; en otros casos, son épocas que amplifican las tristezas y soledades, los vacíos que han dejado los seres queridos ausentes; no necesariamente solo los fallecidos. Mis reflexiones navideñas están dedicadas este año en especial a quienes han sido privados de su libertad injustamente por un sistema de justicia que se ha entregado en los brazos de la corrupción y la vendetta. Pienso también en los huérfanos, en quienes han quedado viudas o viudos por la Covid-19 y en todos aquellos que perdieron tantos seres queridos durante la pandemia simplemente porque el debilitamiento histórico del sistema público de salud pasó una enorme factura a miles de familias guatemaltecas, cuyos miembros no pudieron recibir debida atención médica o sus medicamentos a tiempo. Pienso en el personal de salud agotado pero que no puede parar porque no hay suficiente personal que lo supla.

' Miles de guatemaltecos no tendrán ni que comer, mucho menos para un tamal o un regalo.

Karin Slowing

Siento pesar por quienes apenas sobreviven en el campo porque están siendo expulsados de sus comunidades, de sus aldeas y de sus hogares por el Estado e intereses particulares que quieren vaciar el campo para taladrar a Gaia sin piedad ni restricciones, y extraerle sus riquezas subterráneas o expandir sus monocultivos, sin importar las consecuencias: Cientos de familias sin hogar, sin medios de vida, con hambre y con desesperanza; con la tierra inutilizada para producir el necesario alimento, los ríos contaminados y los bosques desapareciendo para dar lugar a cráteres y cuevas de donde se extraen los metales que van a parar a otras latitudes. ¿Cómo van a pasar las fiestas navideñas estas personas habiendo sido despojadas de sus escasos haberes, y de su hogar? ¿En un país con MIDES pero sin protección social?

Pienso en los que pasarán la Nochebuena en ruta, esperanzados con que el año entrante estarán enviando la remesa a la familia para que pueda celebrar. También pienso en los que se alegran cada vez que se supera el ingreso previo por remesas y lo celebran como si el mérito fuera propio, cuando esos dólares han costado sangre, sudor y lágrimas ajenas. Pienso en el Estado sin alma que sostiene una economía depredadora cuyo andamiaje no sólo lleva a la expulsión de miles de guatemaltecos por razones económicas sino ahora también, nuevamente, por razones políticas y de riesgo de vida.

En los centros urbanos, las vísperas navideñas están dominadas por el frenesí del consumo, que coexiste irónicamente, con ese mar de carencias y desesperanza en que viven las mayorías en Guatemala. Definitivamente, para muchas empresas y emprendedores, es una oportunidad para recuperarse financieramente, especialmente luego de dos años económicamente tan duros. Solo procuren, estimados lectores, que esa bonanza no se vaya a dar a costa de su endeudamiento. Mantenga la prudencia con sus finanzas, y si puede, ayude a alguien más a tener una linda Navidad. Recuerde que miles de guatemaltecos no tendrán que comer, mucho menos para un tamal o un regalo. Realizar un acto de solidaridad humana con alguien que no tiene su buena fortuna, puede ser el mejor regalo que usted pueda darse en estas fiestas de fin de año.

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