Registro akásico

¿Nos habrá de alcanzar la desventura?

Antonio Mosquera Aguilar http://registroakasico.wordpress.com

Publicado el

Las ciudades de Siria están en ruinas. Edificios de viviendas, avenidas comerciales, mezquitas e iglesias: todo destruido. Apenas Damasco se ha salvado de la destrucción. Los hogares cristianos eran convertidos en trincheras. Luego, el cañoneo inmisericorde. Los edificios con rastros de metralla testifican una vida aceptable por gran parte de la población en el pasado. Hoy solo aparece el rostro de la desdicha.

En nuestras latitudes, la indiferencia por la destrucción de Siria es patente. Ni conmoción ni sorpresa, mucho menos solidaridad. Mientras muchos de los refugiados sirios son cristianos, el alarde ofensivo de religiosidad en muchos de los países latinoamericanos no alcanzó un rasgo de humanismo. Una oferta de refugio, una mano extendida, no tuvo lugar. Como si no pasara nada.

La posibilidad de un enfrentamiento con armas pesadas en Latinoamérica aparentemente habrá de suceder. Venezuela compró armas antiaéreas en grandes cantidades. Un sistema escalonado de cañones antiaéreos ZU23, los sistemas de misiles Buk 2M, Pechora 2M y S 300VM de fabricación rusa. En manos de cuando menos ocho brigadas, es decir 40 mil efectivos. Cuenta, además, con cinco mil misiles IGLA portátiles de fabricación rusa, distribuidos en las zonas militares. Estos misiles están diseñados para atacar cazas a la vista.

Cuenta con más de mil misiles portátiles RBS 70 para proteger los radares Ericcson Giraffe 75, de fabricación sueca. Además posee seis fragatas misileras, dos submarinos, seis fragatas tradicionales, ocho torpederas, más de diez barcos de transporte de tropas y alrededor de 50 lanchas rápidas de intercepción. En la fuerza aérea operan cinco escuadrones de aviones Sukhoi 30MK2 y tres de F16A hechos en EE. UU. También tiene un escuadrón de naves no tripuladas Arpía de fabricación iraní. Naturalmente cuenta con más de 200 aviones de hélice y helicópteros sin mucho valor táctico en una guerra moderna.

No se espera que acudan en su apoyo ejércitos de otras potencias. Como tampoco el involucramiento de la Otán. Estos temores surgen porque el año pasado se invitó a dos bombardeos estratégicos TU160. Se les presenta como capaces de destruir la costa este de EE. UU. por la cantidad de bombas atómicas que portan. Igualmente se ha recibido la visita de barcos de la flota rusa. El último, en 2013, fue el navío Moscú, armado con cohetes que establecen un radio de 600 km de alcance. Hoy se aprecia la insensatez de esos viajes.
Las guerras han sido escasas en el continente. Recuérdese la guerra del Pacífico de 1879 a 1883, de Chile contra Perú y Bolivia, la del Chaco, 1932 a 1935, entre Bolivia y Paraguay, así como la de las Malvinas, 1982.

El fallecido Chávez, por su estancia en el país y gobierno exitoso, hubiera convocado apoyo. En cambio ahora llama la atención que los numerosos izquierdosos criollos no han dicho ni pío frente al empeoramiento de la situación. Ciertamente la diplomacia venezolana ha sido muy especial, siempre prefirió a la UNE antes que acercarse a otros partidos. Escogió como aliados a ciertos medios de comunicación social; ahora profieren juicios vejatorios de la desastrosa administración de Maduro.

Mientras un grupo numeroso de mujeres venezolanas han tomado calles de la zona 10 capitalina, los oenegeistas ligados al socialismo del siglo XXI guardan un silencio vergonzoso. En conferencias, algunos de estos influenciadores se referían al presidente venezolano como Nicolás. Ahora, si te veo no me acuerdo. Plata quieren los oenegeros; si no hay, tampoco existe movimiento. ¿Acaso nadie llamará por la paz?