Con nombre propio

Nuestro régimen electoral al garete

Alejandro Balsells Conde @Alex_balsells

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El tema electoral nos ocupa solo cada cuatro años. Creemos que el Tribunal Supremo Electoral (TSE) solo trabaja para elecciones y por eso construimos lo que tenemos: una autoridad electoral que esconde sus acuerdos, oculta su propia jurisprudencia, contrata por compadrazgo, paga lo que no tiene que pagar, pero, sobre todo, magistrados que llegaron a quedar bien con los partidos y con quienes los eligieron. Es incomprensible cómo legal, moral y administrativamente la UCN, por mencionar el caso más grave, no esté cancelada. Los magistrados no tienen ningún empacho y menos recato para mostrar sus compromisos, y es así como la UCN puede poner y quitar directivas en el Congreso. A pesar de este agravante, debemos saber qué necesitamos para tener elecciones limpias. El primero de los esfuerzos es tener un padrón electoral sano. Se entiende por padrón electoral el listado de los ciudadanos aptos para emitir el voto. El padrón es uno, pero para efectos prácticos de voto cada municipio tiene el propio. Supuestamente todos debemos votar solo donde residimos.

Hace unos meses se publicó que el TSE había convenido con el Renap el procedimiento para empadronar a los nuevos ciudadanos. La idea no puede ser mejor. Es absurdo que en el 2020 pretendamos seguir con los procedimientos de 1984; sin embargo, el convenio es sumamente escueto, no tiene mayor contenido jurídico y parece ser redactado por informáticos, cuando el tema trasciende a un click. El padrón electoral es responsabilidad del Registro de Ciudadanos, órgano electoral permanente del TSE. Por eso, hacer más rápida y sencilla la gestión de empadronamiento es de encomio, pero el control, fiscalización y auditoría son competencia exclusiva de las autoridades electorales. El Renap es influenciable por voluntades políticas, se supone que el TSE, no.

Hace tres años, mis hijos gemelos tramitaron su DPI. Acompañé a uno de ellos a recogerlo a la sede del Renap ubicada en un centro comercial al norte de la capital. La sorpresa fue que no se pudo empadronar porque “los sábados no llegaban los del Tribunal”. Mi otro hijo recogió su DPI un martes y se empadrónó porque le dije, no porque alguien se lo advirtiera. El más pequeño de mis hijos se graduó de ciudadano a mediados de este año y tramitó su DPI en Santa Catarina Pinula. En tiempo récord el Renap extendió el documento, pero no pudo empadronarse porque ese día no lo hacían.

Más de dos millones de patojos están fuera del padrón porque el TSE no pudo ser ágil con el tema de empadronamiento y su esfuerzo habitual es que, convocado el proceso electoral, sale a gastar montañas de plata para empadronar lo que no hizo en 4 años, a pesar de tener instalaciones, personal y logística todo el tiempo. Llevamos más de 10 años sin realizar una auditoría al padrón electoral. No tenemos idea de qué tan sano está el instrumento básico para asegurar una buena elección. Ahora se pretende que el Renap empiece algún día con sus funciones de empadronamiento, pero lo lógico sería haber auditado previamente lo que existía para obtener mejores resultados y conocer lo que ahora tenemos o será más difícil fiscalizar. Es difícil escribir sobre el padrón electoral en una coyuntura en la cual desaparecen Q155 millones del Ministerio de Comunicaciones y no hay reacción, el padrón se convierte en poco trascendente, pero debemos hablar de nuestra democracia.

Nos lo dijo José Ortega y Gasset: “La salud de las democracias, cualesquiera que sean su tipo y su grado, depende de un mísero detalle técnico: el procedimiento electoral. Todo lo demás es secundario”. Por eso podemos decir sin temor a equivocarnos que nuestro régimen electoral está al garete.