Cable a tierra

Otra mancha al tigre para la gestión del covid-19

Karin Slowing karin.slowing@gmail.com

Si bien el calendario dice que ya es 2021, en realidad anticipo que vamos a vivir un 2020 extendido. Continúa la epidemia de covid-19, por más que la quieran disfrazar y esconder; se anticipa una nueva escalada de casos en las próximas semanas, producto de la liberación de medidas y estímulo al consumo que vivimos como política de gobierno, especialmente de agosto a la fecha. Y como llegamos al 2021 con una meseta de casos que se mantuvo alrededor del 15% de positividad durante los últimos meses, sin mejorar el testeo ni el rastreo, es muy probable que los convivios y fiestas de fin de año nos dejen como legado una segunda escalada. Ni que venga mañana al país el primer lote de vacunas nos escapamos de esa.

Asumiendo el mejor de los escenarios de eficacia y prontitud en el proceso de vacunación, alcanzar la cobertura poblacional necesaria tomará varios meses, o inclusive más. Todo dependerá de la estrategia de vacunación que llegue a plantear el Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social y la eficacia para resolver los problemas logísticos y de infraestructura que enfrenta. ¿Qué significa esto para los ciudadanos comunes? Que debemos programarnos para continuar lo más fielmente posible con las medidas de protección personal: distancia social, higiene de manos y uso de mascarillas, así como evitar aglomeraciones mientras el proceso de vacunación avanza y se concreta.

Es importante tener claridad en que toca vacunar como a 11 millones de personas para lograr cobertura poblacional; también, que hay que hacerlo, muy posiblemente, con dos dosis de vacuna espaciadas entre sí, por un lapso de entre dos o tres semanas (dependiendo de la vacuna que se use). Esto representa aplicar 22 millones de dosis de vacuna de manera oportuna; es decir, sin dejar transcurrir más allá del tiempo debido entre una y otra dosis.

Sin duda, es un desafío de planificación y operativo de grandísima envergadura, pero no imposible de realizar. Por eso hemos insistido tanto en conocer la recomendación técnica del comité y el plan que trabajaron, que debería estar altamente avanzado a estas alturas, y aseguradas las condiciones para la efectiva implementación. No basta con decir con qué grupo poblacional se comenzará el proceso.

Es una ventaja que el personal de salud del Ministerio tiene mucha experiencia con la vacunación de niños, que deberá aplicar para vacunar masivamente adultos. Hay que superar condiciones adversas de logística e infraestructura a lo largo de toda la cadena de frío; es decir, desde que se recibe la vacuna, se transporta y distribuye hasta que se aplica. Es esto lo que la mantiene en óptimas condiciones para que haga efecto. No solo se trata de refrigeración en espacios apropiados a nivel central del MSPAS, sino del transporte y luego el almacenaje en las áreas de Salud, en cada distrito de Salud y cuando el personal se desplaza para vacunar. Esto es, quizá, la parte más difícil y que tomará más tiempo, porque ya teníamos déficits importantes. El personal es insuficiente, hay que capacitarlo, necesita equipo de protección personal, y debe contar con instalaciones apropiadas de energía eléctrica, provisión y agilidad presupuestaria para pagar el servicio a tiempo y que no les corten la energía eléctrica, por ejemplo.

La complejidad del proceso es grande y por eso ameritaba una buena planificación estratégica y operativa. Se esperaría que la ley que autoriza mil quinientos millones de quetzales para comprar la vacuna llevara ese mínimo respaldo, más cuando es una compra directa. Pero parece que lo técnico se ha vuelto irrelevante en la gestión del narco-clepto-estado: Compren y luego nos cuentan.