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¿Pasará de una guerra fría a una caliente?

Brenda Sanchinelli imagen_es_percepcion@yahoo.com

Desde inicios del 2018 comenzó una guerra comercial entre China y los Estados Unidos, las dos mayores economías del mundo. Esta contienda a gran escala ya venía amenazando con llevar a la economía mundial a un nuevo período de crisis y recesión que se esperaba para el 2020. Sumado a las expectativas que existían, llegó la pandemia, endureciendo aún más las ya tensas relaciones entre estas naciones. Lo que ha desatado también la imaginación de quienes aman las teorías de la conspiración que hoy lucen más vívidas que nunca, agregando otros protagonistas para agudizar el conflicto, que van desde asegurar que Bill Gates podría ser el arquitecto de la propagación del virus hasta la complicidad de la Organización Mundial de la Salud con China para ocultar información.

El enfoque de la elite política es que, en esta guerra entre estos dos gigantes comerciales con líderes debilitados, la pandemia vino a abrir una guerra fría. El choque político sobre el covid-19 ha provocado duros ataques y acusaciones mutuas, exacerbando la relación entre las dos superpotencias.

Después del intercambio de señalamientos se vino una avalancha de elucubraciones sobre el origen del virus que hizo soplar de nuevo los vientos de guerra comercial entre Washington y Beijing, con la tensión que sigue en aumento.

EE. UU. es el país con mayor número de contagios y de muertes por el covid-19 —1.58 millones y 95 mil víctimas mortales—, causando además una crisis económica sin precedentes. Donald Trump dice que si los chinos hubieran actuado con mayor transparencia durante las primeras etapas de la emergencia, nunca se hubiera llegado a estos niveles, que no solo han afectado la salud, sino la economía global. Muy sospechoso es que la producción industrial en América y Europa se derrumba y se espera la peor recesión de los últimos 50 años, caso contrario a China, que registra un superávit comercial de más de US$45 mil millones solo en abril. Es importante analizar las palabras de Donald Trump al referirse a esta crisis, calificando a la epidemia como el peor “ataque” que Estados Unidos haya sufrido en su historia. La tensión se percibe globalmente y Europa también se siente agredida.

Trump está bajo una fuerte presión para encontrar un equilibrio difícil entre tres vectores: proteger la salud de los ciudadanos, reiniciar los sectores productivos y asegurar su futuro político. Las cosas podrían cambiar de rumbo pronto, ya que las elecciones de noviembre se están acercando y Trump necesita ganar la simpatía y liderazgo de sus votantes para reelegirse. Si bien es cierto que las acusaciones contra China distraen a la opinión pública de los posibles errores que se puedan cometer en el manejo de crisis, si se logra demostrar la culpabilidad del país asiático en la propagación del virus, podría dejar de ser solo una retórica de ataque a Beijing y pasar a un nivel siguiente, cambiar el rumbo y tener la justificación para iniciar una guerra caliente y desencadenar una nueva crisis con consecuencias impredecibles. Mientras China podría enfrentar cargos ante un tribunal internacional por la propagación del nuevo coronavirus y su tardía notificación de los primeros casos en Wuhan.

La escalada sigue su curso, el panorama no está claro, pero es importante plantearse los posibles escenarios en el orden internacional. No quiero ser alarmista, pero la lección aprendida después del covid-19 es que el panorama mundial cambia a una velocidad imperceptible. ¿Pasará de ser una guerra fría a ser un conflicto de grandes repercusiones globales? En estos momentos cualquier cosa puede pasar.