Con otra mirada

Patrimonio cultural, qué es y para qué sirve

José María Magaña Juárez jmmaganajuarez@gmail.com

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Los bienes culturales son aquellos elementos tangibles o intangibles, muebles o inmuebles, escritos o interpretados, comestibles y tradicionales que la humanidad ha creado a lo largo de su desarrollo, que llegan a representar al grupo social que los creó. De eso deviene, con suerte, la identidad cultural con la que los miembros del grupo se reconocen entre sí. Con el paso del tiempo, su calidad, consistencia, delicadeza, belleza y valor monumental les permite ser considerados patrimonio cultural, adquiriendo de esa manera la característica de representar a un pueblo, tiempo y espacio. Sirve para identificarse culturalmente ante los demás.

Las grandes civilizaciones que a lo largo de la historia han sido referente para el desarrollo de la cultura occidental, de la que una buena porción de la humanidad somos parte, fueron la mesopotámica, egipcia, griega y romana. Esa última aportó su gran influjo, sea desde la fundación de Roma (753 a.C.) o desde la creación del Imperio, al nombrar emperador a César Augusto (27 a.C.), hasta 1453, cuando los turcos otomanos conquistaron Constantinopla (actual Estambul); período de excepcionales transformaciones en toda Europa. Esos valores fueron conocidos y adoptados, tal el caso de la cultura occidental aludida. Sin embargo, el anhelo por su conservación es relativamente reciente: Carta de Atenas de 1931 y su universalización con la Carta de Venecia de 1964 que Unesco oportunamente adoptó.

Los daños causados al patrimonio cultural europeo durante la II Guerra Mundial llevaron a la creación de Unesco y los órganos necesarios para su conservación; entre otros la Convención del Patrimonio Mundial (1972), que estableció “… el deterioro o desaparición de un bien del patrimonio cultural y natural constituye un empobrecimiento nefasto del patrimonio de todos los pueblos del mundo”, y el Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (Icomos), que en 1982 propuso el Día Internacional de los Monumentos y Sitios, aprobado al año siguiente por la Asamblea General de Unesco. Su objetivo es promover la toma de consciencia acerca de la diversidad del patrimonio cultural de la humanidad, su vulnerabilidad y los esfuerzos que se requieren para su protección y conservación.

Con ocasión del Día Internacional de los Museos y Sitios 2021, Icomos propuso el tema: Pasados complejos, futuros diversos, e invita a reflexionar, reinterpretar y reexaminar las narrativas existentes, hacer un examen crítico del pasado y en la práctica de su conservación hacer una provisión para el futuro. Abordar historias controvertidas implica conversaciones complejas que eviten opiniones e interpretaciones sesgadas del pasado.

La celebración de esos encuentros permite conocer la riqueza histórica, documental, material e inmaterial de las diferentes comunidades, y sensibilizar a la población y autoridades sobre su protección como fuente de identidad. Es necesario conocer el pasado y analizarlo críticamente, pues, como sabemos, la historia no es una ciencia exacta. Puede traer implícita la visión de quien la escribió, junto a información alejada de objetividad o, peor aún, estar planteada con la perversa intención de hacer prevalecer intereses particulares, recurriendo a subjetividad académica que desfigure los hechos, omita valiosos datos e incómoda información, cuando no a ignorar la simple y llana verdad.

Internacionalmente, la mesa para su discusión, evaluación, definición de destino, conservación y desarrollo está servida. Localmente, donde la educación —parte de la cultura— no es atendida adecuadamente, el futuro del patrimonio cultural no es promisorio; por lo que, después de más de 40 años de bregar por la conservación del patrimonio cultural de la Nación, me temo que llegue desaparecer, irremediablemente, por ignorancia o desidia.