Con nombre propio

Perder el norte con el asilo

Alejandro Balsells Conde @Alex_balsells

Perder el norte en las discusiones es el camino más fácil para jamás llegar a conclusiones, por eso al leer, lo que ha salido a luz, con relación a lo firmado por nuestro “representante” en la Oficina Oval de la Casa Blanca es necesario regresar al concepto básico ¿qué es el derecho de asilo?

Mi primer contacto con el derecho al asilo, haciendo un poco de memoria, fue quizás en la televisión. En la serie de El Zorro, un personaje amigo de don Diego de la Vega se escondía de las fuerzas monárquicas en una iglesia. Los soldados no podían irrumpir en el templo y así quien era injustamente perseguido evadía, con apoyo del Zorro y del fraile, a las fuerzas opresoras.

Cuando escucho de exilados no dejo de revivir las sorpresivas visitas de Jorge Mario García Laguardia a la casa antañona y la alegría que representaba, además como los celulares no existían con un toque de timbre nos enterábamos y yo, bien güiro, sabía que el amigo hacía visita fugaz. Luego supimos cuando Guillermo Colom Argueta buscó apresurado la 8a. calle de la zona 9 para llegar, hostigado por fuerzas luquistas, a buscar protección a la Embajada de Venezuela.

Imposible olvidar cuando la prensa, amedrentada por Lucas, informó que un estudiante de la Usac escapó de un atentado y envuelto en la bandera de Costa Rica, subido en el carro del embajador, fue custodiado desde las puertas del Centro Médico al aeropuerto.

Recibir las visitas de los primos Lemus de Costa Rica era algarabía total y pronto supe que Augusto había tenido que salir en tiempos de Ydígoras e hizo su vida en Heredia como abogado prestigioso. Con la apertura democrática conocí a grandes personajes nacionales, por la relación que tenían con mi papá, Mario Monteforte Toledo, Carlos Guzmán Böckler, Rolando Collado, Francisco Villagrán Kramer, Edmundo Vásquez Martínez, entre tantos otros, y ya por mis pistolas haber compartido con Edelberto Torres Rivas es de esos recuerdos que quedan y no se olvidan. Grandes guatemaltecos buscaron y buscan el exilio como única forma de seguir con vida.

Asilo viene del latín asylum y significa “lugar de refugio para los perseguidos”. La Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948) reconoce que “en caso de persecución, toda persona tiene derecho a buscar asilo, y a disfrutar de él, en cualquier país”. Si bien es derecho universal, es en América Latina donde ha tenido mayor desarrollo y protección. La historia política de nuestra región lo ha obligado. Basta saber de las dictaduras centroamericanas y las que regían el Plan Cóndor para comprender el contexto. Muchos han ido a Estados Unidos y han buscado asilo. Por miles podemos contar quienes han llegado en la búsqueda del sueño americano bajo esa figura.

Firmar, cualquier papel, en donde se señale que una persona tiene en nuestro país el mismo nivel de protección que tendría en los Estados Unidos —aunque fuera resguardado en esos horrorosos centros de detención—, solo lo puede proponer alguien con la bajeza moral y racismo de Trump, pero, sobre todo, ser aceptado por condotieros de la política como quienes nos gobiernan.

No nos perdamos en discusiones de procedimiento o de alcances. Asilo es protección y nadie en su sano juicio, aunque nos duela aceptarlo, podrá creer que nuestro país brindará la misma protección que las tierras imperiales y menos cuando la persona huye de su propio país.

Lo firmado es un manotazo al derecho, a la lógica, a la historia, pero, sobre todo, a la pizca de solidaridad y respeto al prójimo que pueda existir en corazones, al parecer, forrados de piedra y lodo.