Urbanismo y sociedad

Planificación y desarrollo urbano

Alfonso Yurrita Cuesta alfonsoyurritacuesta@gmail.com

Y vino la pandemia, y encuentra a Guatemala, un país menos urbanizado de Centroamérica, en que el urbanismo y la arquitectura están sumergidos en un mismo problema, afectando no solo a la salud pública, sino a la economía y al tejido social.

La política del sector económico ha sido crear plusvalías con los bienes inmuebles que, con cualquier mejora realizada, reciben nuevo tratamiento fiscal y aumentan las plusvalías. Así podemos definir una plusvalía, como el beneficio obtenido como resultado de una diferencia positiva entre el precio al que se compró un bien y el precio de su venta en una operación o transacción económica. Esta política urbana de la plusvalía empezó a utilizarse en la Municipalidad de Guatemala, que ha sido el centro político e ideológico de este manejo anárquico y económico urbano. Utilizan el urbanismo como una fuerza económica, para crear plusvalías urbanas para negociar la tierra y las infraestructuras urbanas.

Pero la crisis generada por la pandemia y el nuevo orden global que esto genera nos obligan a revisar y ajustar todos los planes de ordenamiento territorial o el instrumento equivalente en cada una de nuestras ciudades. En todas las ciudades del mundo existe en este momento la obligación de empezar a trabajar en la planeación de una nueva estructura urbana por la actual pandemia del covid-19 y sus efectos.

Por lo tanto, existe un nuevo orden en las ciudades, que no están exentas a adaptarse a este. Por el contrario, son las primeras que tienen que ofrecer respuestas y soluciones eficientes al nuevo modo de vida que nos imponen las actuales condiciones de distanciamiento social, aislamiento, eliminación de aglomeraciones y cambios en los medios de movilidad individual que regirán hasta tanto las vacunas se validen y se distribuyan.

Tenemos la obligación de pensar en lo que viene. Es decir, lo que podemos hacer y aportar para superar la crisis y cómo vamos a vivir “juntos en las ciudades” que, a pesar del encierro que nos ha aislado, son precisamente las ciudades nuestro hogar natural, que no va a cambiar.

Para responder a estas nuevas normas de convivencia en las ciudades como principal modelo actual del agrupamiento poblacional, se tienen formas básicas que responder; es por medio de aislarnos de una vivienda de la otra, bajo modelos del tipo de la Guatemala colonial o “suburbano”, donde cada casa esté separada de la siguiente e impida el contacto social entre familias diferentes para garantizar la seguridad de sus miembros con el aislamiento y el uso de mascarillas.

Este modelo demandará más y más suelo, consumiéndose literalmente los suelos destinados a producción agrícola y forestal por efecto de la expansión urbana descontrolada. Cuando en el 2010 Guatemala fue declarada un país megadiverso, en términos de diversidad biológica, según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, que sitúa a Guatemala en el primer lugar en Centroamérica en la diversidad de ecorregiones.

Intentan resolver la pobreza con economías emergentes o en desarrollo, en que el déficit de vivienda es de 1.6 millones, y se calcula que cada año demanda 50 mil nuevas casas, solo se presta a la violencia o la emigración. En definitiva, se debe realizar un ordenamiento territorial para atender las necesidades específicas en los proyectos urbanos regionales.

Por lo que se debe realizar una economía de escala, que es el poder que tiene una empresa cuando alcanza un ritmo óptimo de producción para ir produciendo más a menor coste, pero con la pandemia sus costes se reducen por falta de políticas económicas.