Cable a tierra

Plaza Pública, un acervo para la democracia

Karin Slowing karin.slowing@gmail.com

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Desde que tengo memoria, la sección de columnas de opinión de los medios escritos siempre había sido una que nunca me perdía al leer periódicos impresos. Leía a todos los y las columnistas, independientemente de su posición sobre los temas. Me parece que es una saludable práctica de tolerancia que, en democracia, deberíamos tener todos. En ese entonces, nunca se me hubiera ocurrido que, en febrero del 2012, iba a recibir una invitación del entonces sub-coordinador del novel medio digital “Plaza Pública”, Enrique Naveda, para escribir una columna de opinión de manera periódica. Con esa invitación -y mi audacia de aceptar el reto de aprender algo para lo cual nunca me había entrenado profesionalmente- se abrió toda una nueva etapa en mi vida profesional y ciudadana, que me ha dado profundas satisfacciones a lo largo ya de una década, y con la cual, espero también estar contribuyendo a eso que justamente me gustaba tanto de leer a los demás columnistas: ofrecer opiniones informadas sobre los temas que son de interés público y sobre los cuales pienso que tengo algo que aportar a esta sociedad.

Así como yo tuve la oportunidad de estar un año como columnista, igual pudieron varias otras decenas de personas. El sentido más puro y popular de lo que es una “Plaza Pública” se expresa, para mí, en esta posibilidad: un espacio donde voces de gente diversa en profesiones, ocupaciones, ideas, visión del mundo y posicionamiento en esta sociedad, se pudieran compartir. A inicios del presente siglo, éstas tenían poca o nula posibilidad de ser jamás leídas o escuchadas. Hasta antes de la “Plaza Pública”, eso había sido un privilegio que estaba mucho más restringido a personas muy ligadas a los estamentos del poder en este país.

Luego de eso, ha sido impresionante lo que hemos visto florecer en esta década en cuanto a medios periodísticos digitales. Plaza Pública rompió el cerco y fue, además, el espacio del cual luego partieron muchos periodistas que ahora nos nutren desde sus propios espacios digitales, con un alto nivel de excelencia y cada uno, con su propio enfoque y personalidad periodística.

Creo que, si no fuera por el anuncio de la partida de Enrique Naveda de Plaza Pública, no me habría dado cuenta que ya pasó una década desde que inició este novedoso proyecto que ha impulsado la Universidad Rafael Landívar. Para mí, Enrique Naveda y Plaza casi son sinónimos, pues mi historia personal como columnista es producto, justamente, de la confianza que él tuvo en mí, asunto por el cual siempre le estaré agradecida.

Confieso que su decisión de retirarse del medio en este momento no me agradó al inicio, me provocó angustia, pues en tiempos tan difíciles como los que vivimos, pensé que un espacio que juega un papel tan importante en el país, debería mantener estabilidad en su conducción, especialmente porque ha sido muy buena -aunque lejos de perfecta-, y ha logrado tantos frutos positivos. ¿Por qué cambiar algo que funciona bien?

No obstante, después de esa pueril y egoísta reacción inicial, recordé justamente a esa nueva generación de periodistas con que ya contamos, entre los cuales perfectamente hay quienes podrían recibir la estafeta y llevar a “La Plaza” a una nueva y enriquecedora etapa. Confío que las autoridades de la Landívar harán un buen trabajo y que pronto tendremos a cargo de “Plaza”, a quien continuará y construirá a partir de lo ya alcanzado. Solo me queda, entonces, agradecer públicamente a Enrique Naveda por su enorme contribución al país, a su país de opción. Su legado habla por sí solo, y le deseo lo mejor para las nuevas metas que se ha planteado para su vida y desarrollo profesional.