A contraluz

Pleitesía sindical

Haroldo Shetemul @hshetemul

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No cabe ninguna duda sobre la astucia de Joviel Acevedo para lograr la cercanía con el poder, siempre y cuando los mandatarios aflojen sumas millonarias para el sindicato magisterial. Este dirigente que lleva más de 20 años de un férreo control de su gremio ha visto pasar a cada presidente, a los que ha rendido pleitesía a cambio de esquilmar el presupuesto del Estado. A Otto Pérez Molina y Roxana Baldetti les organizó manifestaciones en contra del movimiento ciudadano que exigía la renuncia de quienes fueron ligados al caso La línea. A Jimmy Morales, Acevedo lo declaró “amigo de la educación”, y con Alejandro Giammattei hasta le ha servido como relacionista público al hablar maravillas del programa de alimentos y guardar un absoluto silencio sobre el cuestionado seguro escolar. Joviel es un ejemplo de esa dorada aristocracia sindical muy pragmática que negocia recursos para sus afiliados, sin ningún principio político o ideológico de fondo.

El único momento en que Joviel estuvo en peligro de perder sus privilegios fue durante el gobierno de Óscar Berger, cuando en el 2007 la ministra de Educación, María del Carmen Aceña, comenzó el proceso de destitución, por haber abandonado sus labores como maestro en la Escuela 20 de Octubre, en Morales, Izabal. El caso fue llevado al Juzgado Cuarto de Trabajo, para que autorizara el despido, lo cual ocurrió al año siguiente, al verificar que Acevedo ya no impartía clases. Pese a ello, la Junta Nacional de Servicio Civil determinó su reinstalación. El líder sindical no solo había demostrado su capacidad para sobrevivir a estas situaciones de riesgo, sino que su influencia política ya llegaba hasta el presidente Álvaro Colom. Fue memorable la vez en que este mandatario, con la voz entrecortada, mostró su gratitud a Joviel por las manifestaciones de maestros en favor de un préstamo por US$265 millones dirigidos a educación y programas sociales.

Con Pérez Molina y Baldetti, el líder sindical se habría de graduar como el astuto líder que puede llegar a pactos sin importar la calidad moral de sus contrapartes. Juan Carlos Monzón, exsubsecretario privado, declaró ante el juez Miguel Ángel Gálvez que Acevedo había negociado con el gobierno patriotista la remodelación de la Casa del Maestro, a un costo superior a los Q400 mil. ¿Qué ofreció el dirigente magisterial? Según Monzón: “Ser afín al partido, afín al gobierno y no provocarle, apoyar más que todo al gobierno para evitar manifestaciones y cosas por el estilo”. Según el colaborador eficaz en el caso La línea, Joviel sabía que Raúl Osoy, financista del Partido Patriota y luego prófugo, era el que pagaba todos los gastos para la remodelación. Además, con Pérez Molina, Acevedo obtuvo más beneficios para el pacto colectivo.

Jimmy Morales pasaría también a formar parte de la colección de presidentes a los que se echó en la bolsa el líder magisterial. A tal grado llegó la relación entre ambos que, en diciembre pasado, Joviel declaró a Morales “Amigo de la educación”. Ni por asomo hubo alguna crítica sobre que ese mandatario aplastó la lucha contra la corrupción y se convirtió en aliado de las mafias. Al contrario, los dirigentes magisteriales le dijeron que había fortalecido la democracia, la gobernabilidad y la institucionalidad. Claro, Morales les aflojó millonadas para el pacto colectivo. Ahora Giammattei va en la misma senda que sus antecesores. En abril pasado, el pleno del Congreso, dirigido por el oficialista Allan Rodríguez, aprobó una ampliación presupuestaria de Q5 mil 138 millones, entre ellos Q500 millones para el Ministerio de Educación, destinados al aumento salarial en cumplimiento del pacto colectivo acordado graciosamente por Jimmy Morales y el líder sindical. Joviel está en su salsa.