PLUMA INVITADA

Por esto fracasan los países

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En 2012, Acemoglu & Robinson publicaron Por qué fracasan los países: un clásico sobre desarrollo económico que provee una hipótesis simple para explicar las abismantes diferencias de ingresos que existen entre países. Quienes logran desarrollar instituciones inclusivas se desarrollan, y aquellos que se mantienen con instituciones extractivas se estancan.

' La institución económica inclusiva por excelencia es el mercado competitivo.

Benjamín Leiva

Las instituciones inclusivas son aquellas en que cualquiera puede participar. La institución económica inclusiva por excelencia es el mercado competitivo y, la política, la democracia plena. Por el contrario, las instituciones extractivas son aquellas en que sólo quienes gozan de ciertos privilegios pueden participar, lo que les permite extraer valor de aquellos que carecen de dichos privilegios. Las instituciones extractivas por excelencia son la planificación centralizada y el mercado monopólico (económicas) y el absolutismo tanto monárquico como dictatorial (políticas). También son instituciones extractivas los mercados con competencia limitada, y regímenes democráticos limitado donde quienes pueden votar o ser electos son prescritos de forma arbitraria.

El libro presenta un gran bagaje histórico que respalda su hipótesis. Se presentan ejemplos desde la cuna de la civilización en Uruk de Mesopotamia, pasando por el auge y caída de los imperios Romano y Otomano, la Segunda Servidumbre de Europa Oriental, la Revolución Gloriosa e Industrial en Inglaterra, hasta las tragedias de Somalia y Zimbabue. Incluso se hace una breve revisión histórica de Guatemala, destacando que “En Guatemala (…) vemos una forma más simple, más manifiesta, del círculo vicioso: los que tienen poder político y económico estructuran las instituciones para garantizar la continuidad de su poder, y logran hacerlo. Este tipo de círculo vicioso conduce a la persistencia del subdesarrollo, de las instituciones extractivas y del poder en manos de las mismas élites”.

Lo que dice sobre Guatemala sigue siendo vigente hoy en este proceso electoral. Se ha visto de forma simple y manifiesta cómo los operadores de las instituciones políticas extractivas han intentado estructurar la institucionalidad democrática para no perder su poder y privilegios. Para tal fin todo vale, sea suprimir candidatos, a un presidente electo, o acabar con la democracia y lo que ello conlleva: convertir a Guatemala en un paria internacional, sanciones contundentes de EE. UU. y Europa, perder la posibilidad de alcanzar grado de inversión, espantar la inversión extranjera y destruir el Estado de Derecho.

El libro explica por qué los gobernantes toman decisiones sabiendo que empobrecerán a toda una nación. Las instituciones extractivas, aunque tóxicas para el desarrollo, son convenientes y rentables para quienes las controlan. Por ejemplo, Mobutu de Congo, a pesar de destrozar la riqueza del país que gobernó por 32 años, pudo acumular unos USD 5,000 millones gracias al dominio sobre instituciones extractivas. Así, en Guatemala, el Pacto puede obviar las consecuencias de sus actos porque mientras mantengan el control de las instituciones extractivas, aunque el país arda, ellos estarán bien. Será llegar por la derecha a la situación de Nicaragua y Venezuela.

Guatemala se encuentra hoy en lo que los autores llaman una “coyuntura crítica, (…) una confluencia de factores que trastorna el equilibrio económico o político existente en la sociedad”. Esto puede provocar un giro decisivo en la trayectoria del país: Puede romper el ciclo de instituciones extractivas y permitir que aparezcan otras más inclusivas, como en Inglaterra en 1688; o puede intensificar la aparición de instituciones extractivas, como en el caso de la segunda Servidumbre en la Europa oriental.

Si el país logra una transición pacífica del poder y resguarda su democracia, los desafíos seguirán siendo enormes, pero al menos existirá una oportunidad de construir instituciones políticas y económicas más inclusivas. Si falla la transición democrática, la dictadura de facto que seguirá borrará los últimos vestigios de instituciones políticas inclusivas, abriendo paso a la pérdida de instituciones económicas inclusivas. En la medida que operadores políticos limiten y distorsionen mercados para favorecer al mejor postor, trabajadores y empresarios pierden incentivos a trabajar e invertir a favor de buscar dichos favores. Esto cimenta un capitalismo clientelar tóxico para la innovación y el desarrollo, y por esto fracasan los países.

 

*Profesor y director interino de OES, Universidad del Valle de Guatemala

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