Si me permite

Puedo instruirme observándote hacer las cosas

Samuel Berberián samuel.berberian@gmail.com

“¡Quieran los dioses que cada uno desempeñe el oficio que conoce!”. Aristóteles de Estagira.

El tiempo ha hecho evidente que el discurso es el más pobre de los recursos para poder aprender y también poder asimilar el conocimiento. Pero cuando observamos a alguien hacer algo, primeramente nos genera una buena dosis de curiosidad y en el proceso se despierta interés, pero también estamos asimilando el cómo lo está haciendo y nosotros podemos luego hacerlo.

Tristemente muchos inician juzgando lo que los demás están haciendo, cuando deberían aprender cómo lo están haciendo para después poder hacer los cambios necesarios e incluso mejorarlo, pero siempre dando el crédito debido al que nos permitió instruirnos en los inicios del proceso.

Muchos han llegado a la conclusión de que en el simple hecho de copiar no logra uno el debido aprendizaje y mucho menos la asimilación. Claro que paso a paso uno está construyendo el conocimiento y luego lo puede hacer por su cuenta o con una mínima orientación hasta poder llegar a ser un entendido en la materia.

La vida que vivimos, la verdad es un gran teatro y cuando somos espectadores minuciosos y no simplemente contempladores de lo que sucede en nuestro derredor podemos llegar a ser educados porque lo aprendimos en el entorno de nuestros mayores o bien de los que en esta vida están peregrinando con nosotros.

El ser observadores es un proceso formativo en el que debemos aprender a hacer lo que estamos observando, cuando asimilamos y entendemos lo que estamos observando entonces lo capitalizamos. Muchas veces recordamos dónde y a quién lo vimos hacer y cómo lo hizo, pero en muchos otros casos no podemos puntualizar a quién le vimos hacer, pero bien recordamos el cómo se hizo y repetimos el proceso. Como adolescente, observando a mi padre en la pastelería, asimilé las técnicas.

Es indudable que la simple observación nos transmite información, pero cuando esta la podemos transformar en acción, entonces el aprendizaje está siendo logrado. Muchos solo porque ven algo piensan que lo pueden hacer, pero no siempre resulta; otros, sin hacer mayor comentario y aparentemente como que no están prestando atención, logran con un cuidado especial absorber lo que estaban viendo, y luego saben cómo repetir el proceso para lograr lo asimilado.

La verdadera instrucción nunca uno la traduce en imitación, por el simple hecho de que uno tiene su propia personalidad y modo de ser que no se pueden separar cuando está siendo instruido. Sin lugar a dudas, hay una conducta de aprendizaje que durante la observación es determinante para un buen logro en lo que se está haciendo. Unos más inclinados a la excelencia y otros esperando que otros sean los que habrán de darle los acabados para que sea de buena presentación.

Cuando somos auténticos en el proceso de la instrucción, siempre dejamos plasmada nuestra identidad en todo lo que hacemos y eso es un valor agregado con el tiempo, porque determinará si nos pedirán que nosotros hagamos algo o bien buscarán a otro porque el modo en que lo hacemos no satisface para los que hacemos las cosas. En la sociedad, donde la competencia puede quitarnos el espacio, debemos ser nuestros propios jueces de lo que hacemos antes que otros lleguen a juzgarlo, para poder así ganar terreno en lo que hacemos.