Aleph

Que el inmediatismo no nos coma

Carolina Escobar

La visita de los enviados de Biden no viene a resolver de inmediato el descalabro que tenemos en Guatemala, porque nos faltan tres cosas fundamentales: 1.) un verdadero estado de Derecho; 2.) interlocutores de las elites económicas, sociales, académicas y políticas con voluntad política real para la construcción de un Estado con esas características; y 2.) una visión estratégica común de largo plazo sobre la Guatemala que queremos ser. ¿Entonces sirve o no su visita?

Claro que sirve para dejar clara la agenda estratégica del actual gobierno estadounidense sobre problemas como la movilidad humana en nuestra región; sirve para presionar a los corruptos de nuestros países, reconociendo que la corrupción es el eje transversal de todas las causas estructurales de la migración; sirve para poner en blanco y negro las imágenes y nombres de unos pocos actores independientes y honorables que hay actualmente en el sistema de administración de justicia; y sirve para repensar y hasta para redireccionar, en algunos casos, las acciones de quienes estamos comprometidos con los derechos humanos de las personas migrantes.

También sirve para recordarnos que las remesas de la migración representan hoy el 15% del PIB, lo cual oxigena sustancialmente nuestra estabilidad macroeconómica, algo que después presumen los gobernantes como logro propio. Y claro, sirve para cuestionar, otra vez, el modelito que se practica en Guatemala: fabricar pobres en marcos de abandono, inseguridad y violencia, para luego expulsarlos y, finalmente, apoyarse en las remesas que estos envían para dinamizar la macroeconomía del país y determinar la microeconomía de miles de hogares.

No hace falta decir que el gobierno de Biden no es el de Trump. Tampoco hace falta decir que hoy necesitamos mucho apoyo de la comunidad internacional para enderezar acciones en contra de la corrupción y la impunidad, porque acá la justicia está secuestrada. Pero dejemos de romantizar, desde nuestra necesidad de ser salvados, las posibilidades reales de cambios sustantivos inmediatos, y recordemos, por otra parte, que la soberanía ha sido, históricamente, el engaño más consensuado. Los enviados de Biden vienen a poner sus cartas sobre la mesa y saben que, hoy más que nunca, necesitamos de la cooperación internacional, de medios independientes y de una ciudadanía robusta para impedir que el pacto de corruptos termine de secuestrar el Estado. Pero estas visitas deben enmarcarse en una estrategia construida en el país con visión de largo plazo, como construyen sus estrategias los pactantes de la corrupción que terminan poniendo a sus operadores a defender sus intereses.

En un esquema regresivo que tuvo sus estocadas finales en la cuestionada elección de la Corte de Constitucionalidad y la reciente decisión del Consejo de la Carrera Judicial de reintegrar a Mynor Moto como Juez Tercero Penal, las alianzas y sinergias en contra de la corrupción e impunidad son fundamentales. Así que esta y próximas visitas se agradecerán, así como el endurecimiento de medidas que toquen las cuentas bancarias de los corruptos (follow the money). Pero todo debe ser parte de la estrategia de largo aliento que debemos formular sobre cuestiones fundamentales como la reforma política del Estado, la reforma judicial (que incluya la carrera judicial), y la adecuada implementación de las políticas sociales, para comenzar.

Guatemala está secuestrada por una alianza criminal que se reconfigura periódicamente, porque puede y el sistema lo permite. Esa alianza es endogámica y ha permeado a los tres organismos estatales, además de que el capital (tradicional narco) están configurando nuestro presente y futuro inmediatos. ¿Queremos gobernanza y que la migración disminuya? Dejémosle a los políticos el inmediatismo; a nosotros nos toca construir hoy, pero con una agenda de largo plazo.