Punto de encuentro

Querido Willy

Marielos Monzón @MarielosMonzon

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Esta es una columna que debí haber escrito hace tiempo. Pero las crisis y las urgencias del país la fueron demorando. No es una columna de análisis y no se refiere tampoco a uno de los tantos atropellos que se cometen en Guatemala y que es preciso denunciar. Este es un texto lleno de cariño, agradecimiento y reconocimiento para una persona que ocupa un lugar muy importante en mi corazón.
Les pido una disculpa a las amigas y amigos lectores por tomarme esta licencia y dedicarle este Punto de Encuentro a quien, durante muchos años, supo dedicarme a mí y a toda la familia su tiempo, su apoyo y su amor incondicional, pero a la vez trascendió el ámbito personal y familiar para dedicarse a construir desde los espacios colectivos.

Esta columna va dedicada al doctor Guillermo Rojas Mazariegos, mi tío, un ser humano extraordinario que nos enseñó que la vida adquiere sentido cuando se la pone al servicio de los demás y se le da a la existencia un sentido social. Willy, como le llamamos cariñosamente, decidió desde muy joven trabajar por la transformación de nuestro país y dedicó sus mayores esfuerzos a la población más vulnerable. Como odontólogo atendió a decenas de pacientes que no tenían los medios para acceder a los servicios de salud —ni públicos ni privados— y organizó, junto a varios de sus colegas, jornadas de atención médica y odontológica en comunidades de las zonas más carenciadas.

Y no lo hizo buscando bombos ni reconocimientos, tampoco figurar. No lo realizó desde una óptica asistencialista, sino desde el más amplio sentido de la solidaridad, esa que tanto escasea en un país como el nuestro, en el que prevalece el individualismo, ese sentido común dominante de vernos el ombligo y encerrarnos en nuestra burbuja de confort.

Su compromiso fundamental fue en y con la Universidad de San Carlos (Usac). Defendió y promovió la educación pública universitaria como herramienta de transformación. Desde todos los espacios en los que participó y desde los cargos que ocupó, abogó porque la Usac estuviera siempre del lado correcto de la historia, que no es otro que el de estar a la par de los sectores más desfavorecidos y, en aquellos años de represión y dictadura, de las comunidades, pueblos y sectores que sufrían persecución y muerte. Eso le valió dos secuestros, tortura y exilio, y a pesar de esto, nunca claudicó. Como director de la Extensión Universitaria desarrolló múltiples iniciativas, una de las más importantes fue la fundación del Centro de Aprendizaje de Lenguas (Calusac), que ha sido de enorme beneficio para toda la comunidad universitaria y para la población en general.

Su práctica, como la de tantos otros destacados profesores universitarios —muchos asesinados y desaparecidos—, fue consecuente con la concepción de que el conocimiento solo es trascendental cuando se pone al servicio de la gente y contribuye a transformar la realidad. Y eso ha hecho durante toda su vida.

Hoy Willy está sufriendo graves quebrantos de salud. Y aunque se lo dije personalmente antes, hoy quiero reiterarle públicamente mi agradecimiento por su vida, por su ejemplo, por su compromiso, por su entrega incondicional y por ese permanente cariño que siempre nos demostró.

Nunca olvidaré su constante empeño porque la ausencia de mi papá, después de que lo asesinaron, fuera un poquito menos dolorosa. Su abrazo, su voz calma, su silencio cómplice y su mano siempre extendida nos hicieron el camino menos cuesta arriba. Ahí, cuando se le precisó, siempre estuvo a nuestro lado, porque Willy siempre entendió y nos demostró que el amor también es una responsabilidad.

Termino prestándole unas palabras a la canción para dedicárselas a un ser humano excepcional: “No es lo mismo vivir que honrar la vida” y, Willy, eso es lo que tú siempre hiciste.