Pluma invitada

Rescatemos la República

En política es común encontrar ejemplos de cómo los individuos desechan sus principios, no solo éticos, sino también ideológicos, para obtener un beneficio momentáneo o ganar simpatía o apoyo popular. A partir de ello, es necesario recalcar la trascendencia de las ideas y la importancia de ciertos principios que aseguren que el Estado cumpla con su verdadera función y no sea una fuente de beneficios a particulares que se aprovechan del poder público.

Nuestro país aspira ser una república democrática y representativa. La constitución guatemalteca lo establece claramente, pero en la práctica no se cumple con los parámetros para serlo. Por esta razón hay que rescatar particularmente los principios y valores republicanos como base para mejorar nuestro sistema político. Los principios republicanos se centran en evitar la concentración del poder y proteger la libertad ciudadana a través del Derecho. El modelo de gobierno republicano, por lo tanto, es aquel en donde el poder está limitado; hay una efectiva división de poderes, frenos y contrapesos, y absolutamente nadie está por encima de la ley. Esta se aplica a todos por igual y se garantizan las libertades y derechos de todos sus ciudadanos.

Hablar de la importancia del republicanismo en la actualidad definitivamente debe acompañarse de una discusión sobre su compatibilidad con la democracia. Dada la debilidad institucional en Guatemala, la falta de participación y representatividad política de los ciudadanos, la preocupación de muchos es la democracia del país. Sin embargo, la solución a este problema no es exclusivo de la democracia, sino de la aplicación de principios republicanos. Para ello es importante comprender conceptualmente nuestro sistema político y así saber cómo la democracia que tenemos actualmente se adecúa a un sistema roto y patrimonial. Esto es lo que permite que los partidos políticos sean clientelares y finalmente desechables, por ejemplo. Ahora bien, solo a través de la República vamos a poder recuperar el control de estas instituciones democráticas; a través de la participación ciudadana en sus distintos reflejos institucionales.

Es importante limitar y moderar los peligros o perversiones de la democracia a través de principios republicanos de control del poder público. Muchos de los aficionados más acervos de la democracia aseguran que el mismo Estado debe proteger, incentivar y aumentar la misma democracia. En realidad, el mecanismo que asegura mayor democracia es la participación ciudadana; de lo contrario se crean democracias de ficción controladas y dirigidas por quien ostente el poder público. Cuando la democracia deja de tener controles republicanos y se degenera en una democracia direccionada por el poder público, los ciudadanos terminan dependiendo de la “voluntad” del Estado. Se crea una simbiosis difícil de romper y las libertades son cada vez más difíciles de recuperar. Los principios republicanos limitan que esto suceda a través de una verdadera división de poderes, el Estado de Derecho y, especialmente, la libre participación ciudadana.

Apegarnos a una serie de principios no nos garantiza qué acciones específicamente se deben tomar para llegar a un fin. Lo que sí nos dan son luces de cuáles caminos evitar y cuáles recorrer porque valen la pena. La democracia y la participación ciudadana en asuntos públicos valen la pena. Sin embargo, no debemos dar por sentados los principios, en especial los principios republicanos, que garantizan la libertad, el orden y el buen funcionamiento democrático en el país. La República protege nuestros derechos y limita el uso discrecional del poder público.