Punto de encuentro

Salvar vidas, la tarea impostergable

Marielos Monzón @MarielosMonzon

La gestión de la pandemia ha sido un auténtico desastre. Salvo las primeras semanas en las que se tomaron medidas para que, en palabras de Alejandro Giammattei, el sistema de salud estuviera “preparado” para lo que se venía, lo que hemos visto es un manejo errático, improvisado, contradictorio y opaco de la emergencia.

No se definió una estrategia coherente e integral para hacer frente a los múltiples impactos que supone una pandemia global y a estas alturas el país hace agua por todos lados. En lo sanitario el gobierno nos sigue debiendo las 3 mil camas del hospital temporal del Parque de la Industria y el anunciado “intensivo más completo de Centroamérica”. Apenas hay 300 camas y, como en toda la red hospitalaria pública, hace falta de todo para atender a los pacientes. El personal de salud está exhausto y no tiene con qué salvarle la vida a la gente.

Un doctor de primera línea de un hospital nacional me escribió el viernes: “Lleno a reventar. Ya sin tomas de oxígeno. 10 fallecidos anoche. Los médicos residentes parecen cadáveres de tanto trabajar. La gente sigue llegando ahogada por falta de oxígeno”.

A pesar de contar con los recursos suficientes, el gobierno de Giammattei ha sido incapaz de ejecutar y a las personas que llegan en estado crítico no se les asegura una cama, ni se les administran los medicamentos o el oxígeno que requieren, porque no hay. Solo tres oxímetros para 70 pacientes en una de las áreas covid del San Juan de Dios, como denunciaba un médico la semana pasada, son la muestra más palpable de la debacle.

Tampoco se hacen suficientes pruebas que arrojen datos confiables para tomar decisiones. Los epidemiólogos comparan la situación con hacer un viaje transatlántico sin instrumentos y sin plan de vuelo. Como se ha repetido hasta el cansancio, la vacunación se está realizando a cuenta gotas y de manera centralizada. La mayoría de dosis son gracias a donaciones porque las Sputnik V —pagadas por adelantado— llegan en envíos esporádicos. Lo terrible es que hubo tiempo para realizar una gestión diplomática eficaz y transparente para la compra de vacunas, como lo hicieron otros países de la región, y así frenar los contagios y las muertes evitables.

Y de estrategia comunicacional ni hablemos. En los primeros puntos del manual de la gestión de una crisis sanitaria está garantizar que la población tenga una adecuada percepción del riesgo que le haga comprender el por qué de las medidas de prevención y, en este caso, la importancia de la vacunación. Pero ni una cosa, ni la otra.

Con los índices de desnutrición y extrema pobreza que tiene Guatemala y con el nivel de informalidad del empleo era imprescindible —y caía de su peso— un plan con medidas económicas de apoyo, que tampoco se realizó. Reprobado también en esa materia.

En síntesis y como dije al inicio de esta columna: la gestión de la pandemia es un desastre y este es un gobierno indolente, corrupto e incapaz. Pero precisamente por eso e, incluso, a pesar de eso, los sectores sociales con capacidad de decisión y la oposición política tienen que lograr que se materialicen medidas que corrijan, aunque sea parcialmente, esta situación.

Sin bajar un milímetro la crítica, la denuncia y la fiscalización es imprescindible dar respuesta a las demandas de los médicos y del personal de salud que piden a gritos medidas concretas como la restricción de la movilidad -por un tiempo acotado y con compensadores económicos para las familias y los sectores más golpeados-; aumento sostenido de la vacunación y dotación de insumos, personal, medicamentos y habilitación de más centros covid. Hay que salvar vidas, esa hoy es la tarea central e impostergable. No se trata de respaldar o no a Giammattei, sino de defender al pueblo de Guatemala.