Con otra mirada

Santa Sofía: catedral, mezquita, museo, mezquita

José María Magaña Juárez jmmaganajuarez@gmail.com

La historia de la arquitectura se estudia a través de los más importantes vestigios y edificaciones que nos han llegado, que permiten conocer el grado de civilización que tuvo el grupo humano que las construyó. De la herencia occidental destacan por su magnitud e importancia aquellas de Mesopotamia, Egipto, Grecia y Roma, dentro de las que hay ciudades, plazas, tumbas, templos, palacios y viviendas. De los vestigios, es junto a los arqueólogos que se determinan origen y edad. La obra edificada provee toda la información necesaria para entender su naturaleza, materiales, procedencia y sistemas constructivos, así como la capacidad creativa de sus constructores, forjadores del espacio arquitectónico.

De Roma, aparte de haber sido un poderoso imperio extendido geográficamente, tuvo un amplio desarrollo cultural en todos los ámbitos, incluyendo, para efectos de este artículo, el urbano y su amplia red de infraestructura, el arte y la arquitectura.

El emperador Teodosio, en 395, dio origen al Imperio Romano de Oriente, también llamado Bizantino cuando dividió el Imperio Romano en Oriente y Occidente. El Imperio de Occidente fue destruido en 476 por los germanos, en tanto el Bizantino sobrevivió esa amenaza, manteniéndose por 10 siglos, hasta 1453, cuando los turcos otomanos, bajo las órdenes del sultán Mehmed II, conquistaron Constantinopla, también conocida como la Nueva Roma. Los bizantinos fueron una mixtura de pueblos capaces de fusionar las culturas griega y romana; religiones, costumbres y tradiciones occidentales y orientales, dando como resultado expresiones culturales (artísticas y arquitectónicas) excepcionales que transformaron el mundo.

De su arquitectura sobresale Santa Sofía o Hagia Sophia, del griego (Santa Sabiduría) o Sancta Sapientia en latín. Su importancia es resultado de la fusión de la cultura occidental y oriental que integró los conceptos espaciales de la planta basilical y la planta cuadrada, creando una nueva noción del espacio interior. Su influjo es notorio en Grecia y Rusia en iglesias de rito ortodoxo, así como en Italia, en iglesias de rito latino, como San Marcos, Venecia y San Vital, Rávena.

En Santa Sofía predomina la gigantesca cúpula apoyada en cuatro arcos y pechinas que resuelven los ángulos del cuadrado de la planta, junto a medias cúpulas a su derredor, que transmiten las cargas dinámicas de la cúpula hasta el suelo. Esa composición de elementos generó su riqueza espacial, a la que se suma la iconografía artística de mosaicos dorados y policromados, transformando así la historia de la arquitectura.

Inaugurada como catedral ortodoxa bizantina de rito oriental el 15 de febrero de 360, durante el reinado de Constancio II, funcionó así hasta 1453, excepto el breve período de 1204-61, cuando fue convertida en catedral católica de rito latino por orden del emperador bizantino Justiniano I. Tras la conquista de Constantinopla por el imperio otomano, fue transformada en mezquita, agregándosele los minaretes, hasta 1931, cuando fue secularizada. Cambió de uso el 1 de febrero de 1935 al ser inaugurada como museo, ofreciéndolo a la humanidad.

El pasado 10 de julio, el gobierno turco derogó el estatuto de museo del monumento bizantino, reconvirtiéndolo en mezquita, con la participación del presidente Recep Tayyip Erdogan y el jefe de la Autoridad religiosa Ali Erbas, luciendo una cimitarra representativa de la conquista otomana de Constantinopla de 1453.

En su calidad de patrimonio mundial preocupa su conservación, pues durante los rezos de origen islámico los frescos y mosaicos católicos serán cubiertos por la prohibición de las representaciones figurativas. Ya en oportunidad anterior (1453-1931), algunos fueron repellados; actitud que hace suponer un grave peligro.