Nota bene

Segunda vuelta

Una economía dinámica, diversificada y pujante es la única salida a los problemas prioritarios de Guatemala. Se crearían más empleos mejor remunerados, y nuestra fuerza laboral no tendrían que emigrar. Se aliviaría la pobreza y la desnutrición infantil. Entre más oportunidades tengamos todos los guatemaltecos de bien para prosperar, dedicándonos a actividades lícitas, menos personas buscarán rentas artificiales del gobierno y la corrupción disminuirá. Al crecer la economía, aumentaría la recaudación tributaria; con esos ingresos, el gobierno de turno podría proteger efectivamente la libertad, la vida y la propiedad de los ciudadanos. A mayor seguridad, más ahorro y más inversión. En otras palabras, Guatemala debe entrar en un círculo virtuoso de libertad, paz y productividad.

Es más probable que este círculo virtuoso se haga realidad si el Organismo Ejecutivo está en manos de políticos que valoran y respetan nuestra libertad para trabajar, ahorrar, invertir, producir, intercambiar y consumir en paz.
¿Cuál de los dos candidatos que se disputarán la Presidencia el próximo domingo 11 de agosto comparte esta visión? Advierto de que los dos partidos contendientes utilizan un lenguaje distinto del lenguaje liberal. Yo no pertenezco a un partido y es difícil, desde la distancia, comparar los dos potenciales futuros, dependiendo de quién salga electo.

En cualquier caso, debemos analizar las plataformas y los discursos para votar por la opción que comprenda cómo funciona una sociedad libre y cómo se crea y difunde la riqueza. Es importante que el nuevo gobierno haga valer el estado de Derecho y se enfrente al crimen organizado, pues ambas medidas contribuirán a dinamizar la economía.

Además, es absolutamente vital balancear el poder entre el Organismo Ejecutivo y Legislativo. A veces, el gobierno puede alterar nuestras vidas. Nos conviene que sean distintos los partidos que lideran los dos poderes estatales para que medidas de gran envergadura se analicen abiertamente en la plaza pública.

Por contraste, si fuera el caso que un único partido político llegara a concentrar todo el poder en sus manos, dicho partido nos podría imponer elevados costos de un plumazo. Los programas clientelares y populistas como los que introdujo y dirigió Sandra Torres a través del Consejo de Cohesión Social durante el gobierno de la UNE, son, en el mejor de los casos, paliativos de corto plazo. En la práctica y con el tiempo, las transferencias se politizan, dañan los emprendimientos locales y convierten a los receptores en dependientes. Quienes pagan impuestos son obligados a calzar facturas millonarias porque se generan cargas prácticamente insostenibles en el largo plazo.

Los programas clientelares son solo el primer paso en la agenda de la izquierda latinoamericana. El gobierno entrante debe evitar caer presa del movimiento internacional socialista. No es descabellado temer que Guatemala corre verdadero riesgo de convertirse velozmente en el próximo destino del socialismo del siglo XXI. Las huestes Castro-chavistas ya empauperizaron a Cuba y Venezuela, y ahora vuelven la vista hacia México y Centroamérica. Una dispersión del poder también contribuye a frenar tales planes.

En esta encrucijada, ejercer el voto es nuestra más efectiva arma, por limitada y precaria que sea. Es cierto que los sucesos que empañaron las elecciones generales descorazonaron a muchos votantes. El Tribunal Supremo Electoral (TSE) aún debe resolver algunas de las irregularidades reportadas. Pero no es momento para cruzarnos de brazos, lamentarnos que el fraude ya se consumó o proferir otras excusas indiferentes. ¡Todos a las urnas!