Pluma invitada

Seguridad alimentaria en la sombra del covid-19

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La pandemia de covid19 y la crisis económica global revelaron que el mundo no está preparado para la seguridad alimentaria. Los sistemas creados en la era de la globalización amenazan con colapsar: limitaciones a la exportación agrícola de principales productores, perturbaciones e interrupciones en la cadena de suministro global desde la producción, en la comercialización internacional de alimentos, la disminución de la demanda y el poder de compra, escasez de mano de obra y enfermedades que contraen los empleados.

Continúa el peligro del hambre y la interrupción de los mecanismos mundiales para suministrar alimentos, junto al aumento de precios, escasez de divisas de compra en el mercado mundial y perturbaciones. Existían 820 millones de personas con desnutrición y peligro de hambre antes de la pandemia, y hoy se unen decenas de millones. El Banco Mundial estima que cerca de 40 millones de personas ingresan a “riesgo inmediato” en África occidental. La ONU reporta, y la primera de ellas, la Organización Internacional de Agricultura y Alimentación (FAO), una creciente hambre, e insta a la comunidad internacional a mantener un comercio abierto y abstención de proteccionismo. Esta semana, la ONU publicó el informe: El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo 2020. La proyección no expone un avance en alcanzar el Hambre Cero para 2030 ni los objetivos de nutrición.

¿Qué acciones tomar para prevenir una crisis alimentaria mundial, que provocaría hambre, inestabilidad política y de seguridad, y migración? Es necesario que permanezca el funcionamiento y apertura de los sistemas de comercio internacional de alimentos, así como la producción local de alimentos, bajo buenos estándares de calidad y precio, y con incentivos para eficientar la productividad.

En décadas, el Estado de Israel, en una de las áreas más desérticas y secas del mundo, ha demostrado ser exitoso en agricultura innovadora, y es proveedor de soluciones rápidas, eficientes a bajo costo, como lo es el riego por goteo. Hoy el mundo utiliza la “agricultura en seco”, y depende de la lluvia para el riego de campo. El riego por goteo aumentaría el rendimiento del cultivo anual, ahorraría agua y gases de efecto invernadero y, con el tiempo, crearía seguridad alimentaria. Otro ejemplo es la “agricultura precisa”, que satisface todas las necesidades de las plantas de forma casi individual. Con sensores, se precisa el agua y fertilizante necesario, así como enfermedades y tratamiento, y satélites recopilan información, en conjunto con el uso de teledetección, invernaderos computarizados y el monitoreo continuo de la temperatura, humedad, plagas e insectos.

Sin agua no puede cultivarse, e Israel ha encontrado e implementado soluciones ilimitadas: uso de aguas residuales purificadas y agua salina; prevención de fugas y/o identificación de su fuente en sistemas de suministro de agua, e hidroponía, que permite cultivar vegetales en agua. Estas tecnologías israelíes pueden implementarse con relativa facilidad y a bajo costo. El covid-19 también expuso la dependencia exagerada de los alimentos de origen animal. El cierre de los mataderos y las instalaciones de envasado de carne debido a empleados infectados, impulsó el mercado de sustitutos de proteínas a base de plantas o carnes cultivadas. Esta industria crece aceleradamente bajo tecnología, y el consumo será masivo próximamente, considerando que el cultivo de ganado crea grandes daños al planeta y es insostenible. En Israel existe una amplia investigación, y las nuevas empresas israelíes están en primera línea.

Actualmente, paralelo a la desertificación, extinción y escasez de agua, debemos prepararnos para la seguridad alimentaria con medios que no impacten negativamente al medioambiente y al clima. Israel estaría feliz y honrado de compartir su rica experiencia y conocimiento.