Sin fronteras

Sentimiento electoral

Pedro Pablo Solares@pepsol

Trato de dimensionar el océano de enredos que enfrenta una propuesta política para algo bueno en Guatemala. En eso, hay aspirantes a las que se les reconoce. De hecho, hasta se les guarda una dosis de conmiseración. Ni hablar de los ataques que reciben de su oposición. Hacer confluir desde adentro, los caminos de tantas personas, sin duda es un reto de valientes. Hacerlo desde de dos partidos independientes, un desafío que ha de rozar las esferas de lo imposible. Pero quiero compartirles el sentimiento de optimismo que vibró en el ambiente, durante esos días en que circuló la noticia de una posible unión de dos de las aspirantes que nunca han optado a la presidencia. Los alfiles –las alfiles— más notorias y exitosas de la historia reciente, contra el coágulo de la corrupción, encarnado por las bestias del privilegio cruel que nos gobierna. Y los pensamientos que rondan ahora en la mente: ¿Por quién votar, en caso fueran dos las opciones? ¿Qué será del quienes con votos han crecido, tan poco a poco? ¿Cómo le irá a los de reciente surgimiento, ante la experimentada inmundicia electoral? ¿Será todavía posible ver dos mujeres en una papeleta?

Como sabemos, hay candidatas que llegaron a este momento iniciando desde un elemento común: la adversidad. Una, inició con una lid, que entonces era un acto casi suicida: esclarecer una muerte en la familia, cometida por un sangriento régimen militar. Y la segunda, ascender desde el oficio más pequeño, entre los mares del favoritismo y corrupción del sistema judicial, construido para que los poderosos sean intocables. Solo ustedes sabrán la fuerza de sus motivaciones que llevan dentro para seguir adelante, navegando, en un mar de avorazadas pirañas y tiburones. Cualquiera que participa desde una genuina oposición sabe de los miedos que acompañan a cualquier aspirante; los peligros que han que enfrentar; y los caminos fáciles que se deben rechazar. A pesar de eso, aquí hay aspirantes que han sido firmes en sus convicciones. Precisamente a eso se debe el respeto que muy escasas figuras despiertan en el electorado y en algunos casos el reconocimiento trasciende el ámbito nacional. Muchos como este ciudadano apartidista, espera ver eso en la política.

Preocupa que corrientes partidarias afines no puedan unir esfuerzos, y no puedo sino pensar en esos enredos mencionados, que se han de vivir en los partidos que, al final de cuentas, son políticos. Las líneas distintas de pensamiento; los intereses personales de quienes no miran más allá. Los consejos al oído, los asesores. Los que se sienten más seguros acaparando su casillita, que compartiendo un proyecto más grande, con más viabilidad de triunfar. ¿Acaso no ven que las plataformas, desde la soledad de la independencia, encaran debilidades más difíciles de superar? Resulta arriesgado aventurarse en un proceso electoral, en el que la mayoría de aspirantes representan más de lo mismo. Muchos esperamos que las pocas opciones no se fragmenten y beneficien a quienes tienen más experiencia, en favor de propósitos egoístas.

Según encuestas, la mayoría entiende que la corrupción es un obstáculo para cualquier programa de gobierno. Son muy pocos los aspirantes que podrían darle continuidad a esos esfuerzos. Una oportunidad histórica para los guatemaltecos, empezando por rechazar a quienes muestran un escaso compromiso por llevar un mínimo de moral a cargos de tanta relevancia. Ojalá quienes comparten esta visión puedan platicar, unir esfuerzos. Que no olviden el aforismo de que en política todo es posible. Sobre todo, deseo que la sabia humildad pueda ser fuerte consejera. Que recuerden al viejo Churchill decir que un estadista piensa –no en las próximas elecciones, sino— en las próximas generaciones. ¿Acaso no se puede hacer más para lograrlo?