Cable a tierra

Sigan con su mascarilla puesta

Karin Slowing karin.slowing@gmail.com

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Hay una ansiedad muy grande en los gobiernos por declarar que la pandemia es un hecho del pasado. La existencia de vacunas eficaces y seguras es lo que permite pensar en esa posibilidad. En un hecho sin precedentes, la ciencia desarrolló en tiempo récord algunas vacunas altamente efectivas, los fabricantes produjeron dosis en cantidades monumentales en un plazo muy corto y se han desplegado acciones de amplísima escala que han permitido que el 60% de la población mundial tenga ya dos dosis aplicadas. Son 4 mil seiscientos sesenta y cuatro millones de personas que ya cuentan con protección mínima, una hazaña que, sin duda alguna, afectará positivamente el curso de esta pandemia, muy posiblemente acortando su duración.

Lo que ha impedido que este avance sea más acelerado es la enorme desigualdad que ha habido en el acceso y disponibilidad de vacunas. Luego de esa, la segunda barrera más significativa tiene que ver con la manera en que los países han gestionado a lo interno la vacunación de sus poblaciones. Entre ellos, destaca el caso de Guatemala. Lamentablemente, en 14 meses, sólo ha vacunado al 36.3% de su población con dos dosis y ha desperdiciado más de 5 millones de dosis de vacuna en ese mismo período. (O sea, por falta de vacuna no se ha quedado la vacunación en Guatemala). Así, con esos índices vergonzosos de vacunación, el gobierno ha decidido eliminar las pocas restricciones que quedaban, como son el uso de la mascarilla y los aforos.

De los aforos, pues hay poco que decir, pues en su mayoría o no se han cumplido o no se ha verificado su cumplimiento todo este tiempo. Ahora, con el levantamiento oficial de esta medida, seguramente veremos muy pronto total saturación y hacinamiento tanto en espacios públicos, locales privados, y medios de transporte, a menos que los dueños y responsables de los mismos se comporten de manera sensata.

¿Y qué decir de quitar la obligatoriedad del uso de mascarilla?, una de las medidas más efectivas para protegerse de la infección y reducir el riesgo de enfermar, y uno de los pocos aciertos que tuvo este gobierno, al hacer su uso obligatorio desde abril del 2020. ¿En qué cabeza cabe quitarlas acá, con el índice de vacunación que tenemos, que apenas va a mitad de camino de la meta mínima trazada por la OMS de alcanzar el 70% de la población con esquema completo para junio 2022? ¿Cuál es la urgencia de quitar precipitadamente la mascarilla? ¿Ni siquiera con el semáforo modificado para reflejar “avances en la vacunación” han logrado municipios en color verde y ya quitaron esa medida?

Los 10 países que fueron de los primeros en eliminar restricciones son también, países con alta cobertura de vacunación. Dinamarca (82% completamente vacunada y 61% con refuerzo); Reino Unido (74% y 58%); España (85% y 52%); Filipinas (61% y 11%); Irlanda (80% y 60%); Suecia (74% y 51%); Noruega (75% y 54%); Israel (67% y 57%) y El Salvador (66% y 27%). De éstos solo Filipinas y El Salvador se encuentran todavía un poco por debajo de la meta mínima de 70% de población con esquema completo, establecida por la OMS para ocurrir antes del 30 de junio del 2022. En Guatemala, apenas se va a mitad del camino y ya quitaron todo.

¿Qué ganan con esa disposición precipitada? ¿En qué perjudica su amado crecimiento económico mantener la obligatoriedad de uso de mascarillas al menos mientras se alcanzan niveles de vacunación que nos den mayor probabilidad de protección poblacional contra el virus y sus variantes? Mi recomendación a usted es que siga con su mascarilla puesta. Es la protección que le queda frente a la irresponsabilidad y complacencia de quienes presionan para quitar esa medida.