Aleph

Sin mujeres no hay democracia

Carolina Escobar

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¿Cómo imaginamos un país distinto y cuáles serían los elementos de ese país que imaginamos? preguntaba, hace pocos días, la exdiputada Sandra Morán en un espacio de amplia participación ciudadana. La pregunta resuena aún en mi cabeza, porque siempre he pensado que Guatemala no necesita ser reconstruida sino reimaginada. Y esto sería imposible sin la participación del 51% de la población guatemalteca, conformado por mujeres. Guatemala está sobre diagnosticada, pero hay muchos grupos y sectores que están subrepresentados. Las mujeres, por ejemplo. Ya lo decía la diputada independiente Andrea Villagrán, hace algunos días, en el marco de la conmemoración de la no violencia contra las mujeres, cuando fuimos invitadas por la Embajada de Suecia y su representante en Guatemala, embajador Hans Magnuson, a participar en la actividad “Sin mujeres no hay democracia”, donde también estuvieron presentes Susan Batres, directora de NIMD Guatemala; Norma Sactic, directora de Moloj; Lenina García, secretaria general de la AEU 2017-2019, y Karina Rodas, directora de Iumusac. Villagrán señaló que de las 340 alcaldías que hay en Guatemala, solo 11 están lideradas por mujeres; de los 14 ministerios, apenas 1 es encabezado por una ministra, y de los 160 diputados y diputadas, solo 31 son mujeres. No podemos hablar de democracia participativa, inclusiva y representativa con esos números. Más allá, está la mentalidad “ninguneadora” de muchos hombres en los espacios públicos y privados, que respetan más el silicón que la inteligencia y la capacidad de propuesta de sus homólogas mujeres. Por ello, es interesante el Foro de Diputadas que inició en el 2016 y busca establecer una agenda política común a pesar de las diferencias partidarias. Viendo el triunfo de la presidenta Xiomara Castro en Honduras, quien se autodenomina feminista y antipatriarcal, nos damos cuenta cómo los procesos de largo aliento finalmente cambian las narrativas y encuentran cabida en una sociedad que es capaz de repensarse a sí misma, a partir de un proyecto político articulado que integra a diversos sectores sociales, a las disidencias de los grupos tradicionales de poder y a nuevos actores políticos. Sofía Cantor, embajadora de Suecia para la igualdad de género y la política exterior feminista, habló también sobre las tres “erres” (rights, representation, resources) que traducidas al español significan derechos, representación y recursos. Dijo que 2,500 millones de niñas y mujeres en todo el mundo ven afectados sistemáticamente sus derechos cada día, por leyes discriminatorias. Por ello, invertir en niñas y mujeres no solo es lo correcto, sino lo más inteligente, ya que no puede haber desarrollo sostenible si el talento de la mitad de la población está excluido o subrepresentado. En cuanto a los recursos, la conexión entre el empoderamiento de las mujeres y el crecimiento económico es muy fuerte; en sociedades donde las mujeres tienen libertad económica y política, hay más paz y menos violencia.

En este sentido, Susan habló sobre una diversidad de estudios a nivel mundial que afirman lo anterior, y partió de nuestra frágil democracia para insistir en la necesidad de formar, capacitar y establecer diálogos alrededor de la inclusión de las mujeres en todos los espacios. Norma retomó los Acuerdos de Paz para recordar cuán necesaria es la institucionalidad de las mujeres y compartió un estudio que, desde los pueblos originarios y las mujeres, busca construir y formular propuestas de articulación y alianza. Karina presentó al Iumusac como el espacio donde la transversalización de género es una práctica y parte fundamental de su mandato; su trabajo ha llegado a los ámbitos de la docencia, la investigación y la extensión universitaria. Y Lenina habló de la necesidad constante de defender el territorio de la Usac para las mujeres que son el 53% de la matrícula estudiantil, ya que la política institucional debe reflejar una democracia que aún está pendiente. ¿Una rectora alguna vez? Oyendo estas voces, siento que se les está cayendo a algunos “su” democracia y que tenemos la oportunidad de construir otra de verdad.