La era del fauno

Tiempos de crisis para crear un videojuego violento

Juan Carlos Lemus @juanlemus9

Nos lo dice el Tao, los chinos, los japoneses, la mitología griega, los grandes libros y también los libros miserables, todos nos alientan que la crisis puede ser una oportunidad para renacer de las cenizas; que los tiempos difíciles son cimientos para erigir los muros que evitarán nuevas catástrofes. Pero en nuestra zoopolítica, esa oportunidad es un paso más hacia la ruina. Es porque nuestras crisis son personas y no hechos; personas que se reemplazan cada cuatro años.

Todos los gobiernos reciben el mando en tiempos de crisis, no hay un momento oportuno. Como dice Zizek: “La tragedia de la política es que no habrá nunca un “buen” momento para tomar el poder: la oportunidad de acceder al poder se presentará siempre en el peor momento posible (de debacle económica, catástrofe ecológica, inestabilidad civil, etc.)”.
El nuestro es un momento crucial, solo que desde hace décadas. Cuando todo está a punto de caerse o de levantarse, es utilizado para que caiga más al fondo. Y después, para tirarlo todavía más al fondo. No se sale de la crisis porque los gobiernos: 1) despedazan lo andado —tal como lo ha hecho el gobierno de Morales—; 2) usan el poder para su enriquecimiento personal y para el pago de favores electorales —tal como lo ha hecho el gobierno de Morales—; 3) retroceden salvajemente hacia décadas oscuras, niegan la educación, la seguridad y la salud, al tiempo que aumentan el espionaje y la represión desde el poder —tal como lo ha hecho el gobierno de Morales—.

La nuestra no es una crisis de oportunidad. Es de personas en el poder que tuercen los problemas hacia discusiones inútiles. Se insiste en difundir que nuestras dificultades son la ideología, la polarización y la división entre hermanos, cuando ni siquiera se tiene idea de qué es lo ideológico, ni noción de polarización, tampoco existe hermandad en sociedades violentas y oportunistas donde las calles han sido tomadas por vehículos sobre las aceras; las profesiones, por usureros; las universidades, por mafiosos. Se ha logrado llevar a la mesa de discusión la gran disyuntiva nacional: pan o tortilla, he ahí el dilema.

Por debate de ideas se entiende desacreditar. Un par de loros enseñándole a cientos de loros cómo cantan las ballenas. Los partidos políticos evitan asumirse en una ideología determinada; se dicen amplios, pero son débiles. Tienen vergüenza de decir lo que son. Nuestros tiempos no son interesantes ni ideológicos ni críticos, son la crisis. Si mucho, vivimos buenos tiempos como para diseñar un videojuego violento, más caótico y escandaloso que el Grand Theft Auto.

Se trata de un videojuego en el que un tipo se vuelve rico a fuerza de matar y robar. Al principio, trafica pequeñas cantidades de droga. Conforme aumenta sus necesidades, roba autos, mata prostitutas, policías, ancianos, a cuanto se le ponga en el camino. Tiene contactos en el gobierno y eso le permite ascender hasta que compra yates, helicópteros y armas cada vez más sofisticadas. Entre los personajes del juego están un exconvicto ladrón de bancos, un pandillero de 20 años y un exmilitar adicto a la destrucción.

Padres y madres querrán impedir que sus hijos lo jueguen, aunque tendrán que ocultarles las noticias diarias. Hace rato migramos de la noticia más o menos sorprendente hacia la nota roja normalizada.

Circula el video de un motorista que se sube a una pasarela por la rampa peatonal. Esa conducta retrata bien este país: es la gente que gobierna y no le importa usted, es el empresario corrupto, es el ciudadano hostil que abusa y luego anda hablando de su bella Guatemala.