De mis notas

Tocar fondo en un barril sin fondo

Alfred Kaltschmittalfredkalt@gmail.com

En un país como el de Guatemala, donde se dice que el hierro flota y la balsa se hunde, todavía hay mucho fondo para tocar fondo. El sistema presidencialista está agotado, pero seguimos adquiriendo luces para tarimas y megáfonos para discursos. Creyendo que botando a un presidente o cambiando unos diputados podemos darle rewind al sistema y ponerle play de nuevo, nos abocamos inocentes a la Plaza para desfogar nuestras demandas hacia el éter de un parque jurásico que ha visto nacer y caer dinosaurios con almas inextinguibles.

Hoy no podemos transitar por la carretera Interamericana porque fue tomada por los ponepiedras de siempre; mañana, será otra ruta más tomada en dirección de Neverland, y en la capital, con o sin plan, terrorista o de pacíficos ciudadanos, la sinfónica seguirá tocando la misma tonada, porque la partitura política sistémica es la misma que hemos oído y vivido desde siempre, y por no cambiarla, nos dirigimos a perder el siglo XXI también.

Innumerables diagnósticos se han hecho señalando que el problema es sistémico y que no se le puede pedir peras al olmo o aguacates al limonar. Pero aun sin hacer reformas constitucionales, seguimos alimentando a los mismos “chupacabras”, a sabiendas de que chupan sangre y no son cabras, sino machos cabrones.

Ahí está Jodiel, a quien le hemos dado desde hace 12 años Q8,262 millones en incrementos salariales para los maestros de su clientela particular capturada, lista para ser alquilada para comprar votos o desfilar con pancartas en blanco para ser llenadas a “la carta”. Este año le tocaban Q400 millones más en el presupuesto que fue desaprobado, pero como quedó “el otro”, Q11 mil millones más alto, asunto arreglado. A cambio de todo ese dineral tenemos a niños que no pasan los exámenes porque los maestros también los pierden. El contrato del pacto colectivo se vence el 21 de diciembre. ¿Tendrá la Plaza el poder para impedir su renovación?

Hay problemas legales que deben subsanarse antes, porque los pactos colectivos están amarrados con yunques jurídicos laborales, pero es evidente que el problema se ha salido de las manos. En Guatemala, los sindicatos tienen 88 pactos colectivos, y cada año se aumentan 10% más, y han crecido 181%: de Q9 mil 260 millones en el 2008 a Q26 mil millones en el 2019.

Pero realmente el despilfarro, la ineficiencia, la opacidad y la calidad de gasto no son el problema y no se puede cambiar con pancartas. Se necesita una reforma de fondo.

Razón tenía el Muso Ayau con proponer el proyecto Pro-reforma, porque la propuesta de reformar solo ciertos artículos constitucionales era muy puntual y no se abría a un caballo de Troya de una constituyente, en la que se podían introducir herpes troyanos anti-republicanos con potencial de convertir la medicina en enfermedad terminal.

Los diálogos están agotados, porque el panorama está tan difuso que en la mesa del diálogo todos quieren ser los representantes de los representados. La torre de Babel, pues.

Mientras se despeja el torbellino, pasos pequeños se pueden tomar sin tener que botar al presidente y tirar al niño con todo y el agua. Y aunque la institucionalidad suene a impertinencia en medio de la danza de los millardos, es lo único que puede mantener el barco a flote para hacerle las reparaciones de fondo que necesita.

Pero ya las fuerzas del hades se despertaron del averno. Difícil ponerle el tapón de regreso si no se le da algo a la Plaza.

Que impere la razón…