A contraluz

Torres y Giammattei representan el statu quo

Haroldo Shetemul @hshetemul

Sandra Torres o Alejandro Giammattei, ¿cuál de los dos representa mejor el statu quo? Esa es la realidad de inmovilismo que dejaron las elecciones del pasado domingo. No hay vuelta de hoja porque ambas fórmulas se diferencian en pocos aspectos ideológicos, la primera se ubica en el centro-derecha, el segundo más a la derecha, pero en última instancia persiguen la continuación de un sistema político patrimonialista y clientelar.

Con el ascenso de estos dos candidatos presidenciales también se concreta la salida del país, en septiembre, de la Cicig y el cierre de un ciclo de lucha contra la corrupción. Para los dos aspirantes, así como para sus padrinos, políticos y militares, es más cómodo que no exista una instancia que evidencie futuros negocios oscuros y el eventual saqueo de los recursos del Estado.

En esta ocasión ninguna de las encuestas de opinión acertó en los resultados. Por ejemplo, a Sandra Torres le daban entre 20 y 22.6%, y ella finalmente obtuvo 25.58%. También se observó esa tendencia con Thelma Cabrera y Manuel Villacorta. A la primera le daban entre 5 y 7.6%, mientras que al segundo ProDatos apenas le daba 1.2% y Cid Gallup ni siquiera le asignaba un porcentaje. En los comicios, Cabrera obtuvo 10.38% y Villacorta, 5.21%. En cambio, las encuestas le dieron lugar preferencial a Roberto Arzú, a quien le otorgaban entre 8 y 9.20%, pero en las elecciones apenas logró 6.07%. Pese a lo anterior, la candidata del Movimiento para la Liberación de los Pueblos (MLP) se constituyó en la sorpresa de los comicios, al colocarse en el cuarto lugar, pese a que no contó con el favor de los grandes medios y su propaganda fue muy modesta. El ascenso electoral de Cabrera es un llamado de atención a quienes sostienen este sistema político racista y discriminador. Ahora la cúpula del sector privado sabe que hay fuerzas contestatarias que no debe soslayar.

La segunda vuelta podría convertirse en un duelo entre el área rural y el área metropolitana. Torres tiene bases sólidas en la mayoría de departamentos porque cuando gobernó su exesposo Álvaro Colom ella se dedicó a consolidar la estructura partidaria con base en las bolsas solidarias y las transferencias monetarias. Un vistazo al comportamiento electoral permite observar que la UNE obtuvo bastante ventaja sobre Vamos en la mayoría de departamentos, principalmente en el occidente y norte del país. En el área metropolitana, Vamos le ganó a la UNE pero por un estrecho margen de 4.46%. Sin embargo, en la segunda vuelta juega en contra de Torres el antivoto, que se ubicaría por arriba del 50%, principalmente en áreas urbanas. Es muy probable que varios partidos de derecha se alineen a favor de Giammattei, pero es difícil que la izquierda llegue a algún tipo de acuerdo con Torres, por la desconfianza que le tienen. Eso podría dejar sola a la UNE, que podría reforzar su estructura partidaria con ofrecimientos de más clientelismo y acarreo el día de las votaciones.

En ese panorama enrarecido, lo único rescatable es el ingreso de nuevas figuras en el Congreso, el cual tendrá una bancada fuerte de la UNE, pero muy lejos de alcanzar la mayoría necesaria para convertirse en aplanadora. Este partido tendrá derecho de veto sobre iniciativas de ley, pero para aprobar las propias deberá impulsar alianzas con bancadas minoritarias. Llama la atención la nueva bancada del Movimiento Semilla, que con siete diputaciones logró superar la ausencia de su candidata presidencial, luego de que el sistema en su conjunto evitara la participación de la exfiscal Thelma Aldana. Es importante la oxigenación de ese organismo, primero, para desbaratar las acciones de los legisladores que buscan mantener la corrupción y la impunidad y, segundo, para que se convierta en un verdadero fiscalizador del gobierno central y no en comparsa, como lo ha sido hasta ahora.