Aleph

Tres adversarios: virus, hambre y corrupción

Carolina Escobar

El mejor video que he visto sobre el Covid-19 comienza preguntando algo así: si hay enfermedades con un índice de mortalidad más alto, ¿por qué el mundo se ha detenido a causa de este virus? Quienes aún creen que el cáncer, la diabetes, las enfermedades respiratorias o cardiovasculares matan más y que es una exageración el encierro, deben enfocarse en la cuestión central de todo esto: la cantidad de contagio que se produce en menor tiempo, sin contar con un sistema sanitario que sea capaz de responder al tamaño de la epidemia y sin una vacuna que pueda prevenirla.

Con una simple gripe, yo puedo contagiar a 1.3 personas y estas a su vez a 1.3 personas y así sucesivamente. En diez olas de contagio, habré contagiado a 14 personas. Pero si tengo Covid-19, puedo contagiar a 3 personas que contagiarán a su vez a 3 más, estas a 3 más, y así sucesivamente. En diez olas de contagio, habré pasado el virus a 59 mil 049 personas. Será aún peor si no sé que tengo el virus, porque siguiendo mi vida normal durante más o menos 14 días se estará incubando y podré pasarlo rápidamente a muchas más personas. De allí que hacer pruebas masivas de Covid-19 sea tan importante, porque cada persona que se aísla o se queda en casa, ayuda a disminuir el contagio.

Sin embargo, muchas personas han tenido que salir a trabajar o no han terminado de entender bien lo que significa quedarse en casa. Para las últimas no tengo comentarios. Para las primeras, no hay opción: o trabajan o no comen. Contamos, por cientos las personas que ya han sido suspendidas o despedidas de sus trabajos porque los pequeños y medianos empresarios no tienen como mantenerse a flote ante la crisis y los nulos apoyos gubernamentales, focalizados en apoyar a los grandes que en algún momento los patrocinaron. ¿Y el sector informal de la economía que supera un 70 por ciento? Basta con ver las calles y las redes sociales. Sumemos las deportaciones masivas desde el norte y lo dicho por el actual ministro de Finanzas Públicas hace pocos días: el envío de remesas que envían los migrantes desde EEUU cayó un 40 por ciento en marzo. En medio de todo, ya se leen entre las líneas de múltiples relatos, hechos que evidencian corrupción.

No la tenemos fácil. Cuando los casos se cuenten por miles y precisen todos atención al mismo tiempo, veremos de frente las carencias de un endeble sistema sanitario que el BID calificó con un rezago de 40 años (2016). Nos dolerá darnos cuenta de que en Guatemala solo hay 1 médico por cada 2 mil 500 habitantes y que estos médicos cuentan con tres veces menos personal de apoyo que los de otros países como El Salvador, Belice, Bolivia y Surinam (“El débil sistema de salud —y el débil país— que se enfrenta al coronavirus”/Nómada). ¿Y si ese médico se contagia?

Todo esto sucederá al mismo tiempo que el hambre en miles de hogares guatemaltecos que han perdido su fuente de ingreso, en un país donde más del 70 por ciento es pobre. La Red de Sistemas de Alerta Temprana contra la Hambruna (FEW NET), determinó que entre febrero y mayo de 2020, serán 11 los departamentos que “enfrentarán una situación de inseguridad alimentaria intensa”, a la cual se le debe poner atención. (elPeriódico,28/03/2020).

Toca la creatividad ante la crisis, la solidaridad y la empatía con los que no tienen ni un centavo ni medios para ganarlo, así como con los enfermos y sus familias. Pero no hablamos de caridad, esa que practican quienes han vivido del Estado por décadas. Hablamos de que el Banguat financie con varios millones que sí tiene al gobierno, en lugar de emitir bonos de deuda que harán más ricos a los demás bancos, o de atenernos a una violencia social imparable, porque con los estómagos vacíos jamás habrá paz. Ninguna democracia se levanta con tan potentes adversarios. Estamos apenas comenzando a vivir los próximos 50 años, y nos toca aprender juntos el sentido profundo del cambio.