Cable a tierra

Un listón rosado por las mamas

Karin Slowing karin.slowing@gmail.com

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El cáncer de seno o de mama, es una malformación de células fuera de control en la glándula mamaria. Es una enfermedad que han sufrido las mujeres a lo largo de la historia, y como muchas otras, también se le consideró incurable en su momento. La lucha contra esta enfermedad ha sido difícil, tanto para las mujeres que lo padecen, como para quienes se han dedicado a buscar una solución a este problema. El hecho que afecta las glándulas mamarias, símbolo visible de la feminidad, del erotismo y también de la maternidad, hace que abordar esta forma de cáncer tenga profundas implicaciones que van inclusive más allá de la enfermedad en si misma; entraña aspectos de orden emocional y afectivo, y hasta de estigma social para quienes la padecen, situación que no necesariamente ocurre con otras formas de cáncer. Además, la mastectomía también deja profundas huellas físicas y emocionales en las pacientes. Por estas razones, la demanda por mejores tratamientos, menos cruentos e invasivos, y por contar con apoyo emocional y cirugía reconstructiva, entre otras cosas, forman parte de la lucha que han emprendido las propias pacientes y sus familias. Afortunadamente con las mejorías en las tasas de sobrevivencia y de periodo libre de enfermedad, cada vez más mujeres han logrado contar su historia y organizarse para exigir su derecho a la salud y a que se invierta en investigación, prevención y desarrollo de tratamientos.

Por todo esto, la Organización Mundial de la Salud declaró el 19 de octubre como el día de conmemoración de la concientización sobre el Cáncer de Seno, honrando el hecho de que, en esa fecha, en 1983, fue la primera vez que se celebró una actividad donde las mujeres sobrevivientes de cáncer de mama y sus familias salieron a la calle, en Texas, Estados Unidos de Norteamérica, y organizaron lo que llamaron “Carrera para la cura”. Actualmente, se aprovecha el día para resaltar la importancia de la prevención. Junto con la carrera, va el listón rosado, cuyo asocio al tema se le atribuye a la fundación Susan G. Komen, que, en 1991, lo instituyó en honor a las mujeres que padecen o han padecido cáncer de mama.

Hoy en día, el cáncer de seno, si es detectado a tiempo, es una enfermedad altamente tratable y con una expectativa de vida altísima. Sin embargo, en países como Guatemala, donde la salud no es un derecho sino una mercancía, pocas podrían pagar su tratamiento. Con excepción del IGSS, que tiene un programa, la mayoría estamos desprotegidas. El INCAN, que solía ser la opción para pacientes sin recursos, está instituyendo cobros por servicios que la mayoría de gente no puede pagar. Y en los hospitales del MSPAS se oferta la cirugía oncológica, pero el acceso a la quimioterapia enfrenta siempre el desafío de la disponibilidad oportuna.

Por otra parte, la salud de las mujeres sigue viéndose principalmente en cuanto a su función en la maternidad; así que, las que ya superamos esa etapa, nos vamos difuminando en el imaginario público y, por ende, de las prioridades en salud, a pesar de que después del cáncer de cérvix, el cáncer de seno es la segunda causa de mortalidad por cáncer en las mujeres en el país: en 2019, se registraron oficialmente 2,000 casos y 500 defunciones solo por esta causa.

En ambas enfermedades, la prevención y la detección temprana, con tratamiento oportuno, son claves para la sobrevivencia. Está, además, la ventaja de que, a diferencia de la detección temprana del cáncer de cérvix, que necesita personal entrenado para tomar una muestra del cérvix uterino, el autoexamen de mamas se puede aprender de un tutorial en línea. Las animo a hacerlo; practicarlo regularmente puede salvar su vida.