La buena noticia

Un mundo diverso y una confusa visita

Víctor Palma amons.esc@gmail.com

Afirma San Pablo: “Dios ha preparado para los que le aman cosas que ni el ojo vio ni el oído oyó” (1 Corintios 2,9). O sea, el futuro hacia el que se dirige la comunidad de los creyentes será una “situación muy diferente a la actual”, donde serán plenas la felicidad, la paz, la luz que hoy duran tan poco que “solo aumentan nuestros deseos de plenitud, nuestros deseos de Dios” (R. Kaplen, 1978-).

En la Buena Noticia de mañana, siete hermanos —capaces de valorar el más allá— prefirieron la muerte a traicionar su conciencia “adorando reyes de este mundo” como el gobernador griego del Israel de entonces: un ejemplo de “percibir desde el presente un mundo mejor, pleno, no fantasioso sino real, pero que aún no llega”. Pero en el Evangelio, otros siete hermanos —muy parecidos al ser humano actual— parecen estar “tan hundidos en los criterios de acá” que piensan en disputar por la esposa común —casada sucesivamente para darles descendencia, según la ley judía del levirato o “derecho del hermano a la viuda”—, a lo que Jesús responde que “todo será diferente en ese mundo futuro, en el Reino de los cielos”. Y es que tendencia a mezclar criterios mundanos como cumplimiento de promesas divinas hace que algunos o muchos engañemos, usurpemos, “acumulemos en la tierra como si el cielo fuera el puesto de entrega de lo juntado en el mundo”: error que mereció la crítica de Papa Francisco: “Detrás del entierro nunca va el camión de las mudanzas”: un claro pensamiento para este Noviembre de recuerdo de difuntos, cuyas tumbas, muy adornadas o no, en el fondo no afectan su situación de allá, tan diferente, pues necesitan solo la oración de la familia y amigos.

Pensar las cosas de allá con criterio de acá es confusión o es trampa: como la confusa visita de un patriarca de oriente —siro/antioquena en términos propios— que visita Guatemala en días del 6 al 18 de noviembre, quien si bien puede tener la mejor acogida ecuménica, es saludable aclarar que en su credo niega que Cristo sea verdadero Dios —por lo que sería un líder social solamente— y verdadero hombre —por lo que sería un fantasma, que no puede salvar a nadie—, pues no aceptan el Concilio de Calcedonia del año 451 d.C.

La Iglesia Católica y las Iglesias evangélicas y reformadas buscan la vía ecuménica, y el Patriarca Efrén II, si bien en postura ecuménica ante Roma niega que Francisco sea el sucesor de Pedro, y afirma que él lo es (¡¡). Lo peor de todo es quién le trae al país: Eduardo Aguirre, un exsacerdote excomulgado con mucha razón por Benedicto XVI, unido oportunistamente a muchos grupos religiosos para afianzar su confuso credo —liturgia siria con apariencia católica, medio carismático, etc.— y usurpador de templos católicos en Sololá, Huehuetenango, etc. Sin duda, el Patriarca Efrén II no lo sabe o no lo quiere saber. Todo con el concurso incauto de medios de comunicación, la complacencia de autoridades civiles y ediles varias —alguna ofrenda dejará el visitante—… En fin, una mezcla de cosas materiales con ropaje religioso, del mundo de hoy, del que dice San Pablo: “Al final de los tiempos se preferirá el error a la verdad” (Visitar: www.iglesiacatolica.org.gt: Comunicado “Permanece fiel en la fe y doctrina que has recibido” 2 Timoteo 3,6). ¿El más allá no se puede confundir con el más acá?: algunos lo hacen cumpliendo el lema popular: “En río revuelto ganancia de pescadores”.