A contraluz

Un negocio turbio

Haroldo Shetemul @hshetemul

Si no fuera por el impacto nocivo que tiene para el país la compra de dos aviones militares, las contradicciones entre el vicepresidente Jafeth Cabrera y el presidente Jimmy Morales no pasarían de ser una anécdota risible. Frente a los periodistas, Cabrera afirmaba que no se estaba comprando nada y que Morales solo estaba en una visita oficial en Argentina. Aseguraba que para realizar compras para el Estado se deben seguir las normas establecidas en Guatecompras. Minutos después llovían las noticias desde Buenos Aires sobre que el presidente había cerrado el trato para la adquisición de dos aviones Pampa III, sin utilizar el procedimiento establecido en Guatecompras que señalaba Cabrera. Más aún, el mandatario se basó en un convenio de cooperación bilateral de 1981, sí, suscrito cuando Jimmy Morales tenía 12 años y aún estaba en primaria. O sea, para hacer una compra ilegal cualquier recurso es bueno.

¿Por qué hacer la compra con una industria que en 35 años no había vendido un solo aparato a ningún país? La respuesta podría ser la sobrevaloración y las comisiones bajo la mesa. El ministro de la Defensa, Luis Miguel Ralda, dijo que los dos aparatos tienen un precio de US$27 millones 990 mil, o sea US$13 millones 995 mil cada uno. Sin embargo, el medio argentino Infonegocios señala, con información oficial, que el precio de un avión Pampa III “en el mercado ronda los US$10 millones”. O sea US$3 millones 995 mil menos por cada avión que adquirió Guatemala. Otro medio, Defensa.com, informa que en abril pasado el presidente boliviano, Evo Morales, visitó Argentina para conocer ese avión, a un precio de US$12 millones, con la ventaja de que no tendría que desembolsar nada. El presidente Mauricio Macri le ofreció la aeronave a cambio de suscribir un convenio de suministro de gas. Aunque eso significa US$1 millón 995 mil menos que a Guatemala por una aeronave, el mandatario boliviano no ha ratificado la negociación. Como se ve, hay mucha plata de por medio y de ahí la urgencia de Jimmy Morales de cerrar un trato turbio.

Fernando Sibilla, director ejecutivo de la Fábrica de Aviones de Argentina, dijo que la venta de los aviones a Guatemala era un hito histórico y que “hicimos posible lo imposible”. La razón de tal alegría es muy clara. Infonegocios dice que desde 2010 el Estado argentino pone entre US$60 millones y US$70 millones en la fábrica de aviones, prácticamente perdidos. El principal proyecto, el Pampa III, está paralizado. Además existen evidencias de una desviación de unos US$300 millones. La crisis económica que ha asolado a ese país también ha significado que la empresa esté casi en bancarrota. Para pasar el mal momento se ha dedicado a fabricar piezas para aviones de otras compañías. El desembarco de Jimmy Morales fue un golpe de suerte. Lo raro de esta truculenta historia es la razón por la que esa empresa, en lugar de fabricar aviones Pampa III, haya decidido comprar en el 2014 una flota de 10 aviones alemanes Grob, los cuales alquila a la Fuerza Aérea Argentina. De igual manera, ¿por qué el gobierno argentino va a comprar 10 aviones FA-50 Golden a Corea del Sur, por US$200 millones, y no confía en su propia fábrica de aeronaves?

Para cerrar con broche de oro su nefasta administración, el presidente Morales decidió comprar un buque patrullero a Colombia por Q90 millones. El mandatario se ha mostrado gamonal con el Ejército, aunque las áreas de salud, nutrición infantil, educación e infraestructura vial, entre otras, estén por los suelos. Parece que el gobernante vive en un país de abundante plata para tirarla por todo lo alto, sin seguir los procedimientos legales para las compras del Estado y sin darle explicaciones a nadie. Es necesario que la Contraloría General de Cuentas y el Ministerio Público asuman su responsabilidad para detener este descarado saqueo de los recursos del Estado.