A contraluz

Un nuevo año sin mayores expectativas

Haroldo Shetemul @hshetemul

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El nuevo año arranca sin mayores expectativas de cambio, luego de que el 2021 determinara la consolidación de la alianza de la narcocleptocracia que ha cooptado la mayoría de instituciones del Estado. No solo ha significado la preeminencia de los intereses de la partidocracia que saquea los recursos públicos, sino que el crimen organizado ha sentado sus reales para operar sin mayores controles. Ya ni siquiera guardan las formas porque de manera descarada han acomodado las contrataciones, las leyes y la justicia a los negocios oscuros de una clase política rentista, con el beneplácito del gran capital que también saca provecho de esa rapiña. Si bien los sectores pudientes festejan el crecimiento económico de 7.5 por ciento, eso no se ha traducido en bienestar para la población porque Guatemala sigue a la cola del desarrollo en América Latina, en materia de salud, educación e infraestructura vial, entre otros aspectos.

Alejandro Giammattei desperdició el año pasado porque no estaba interesado en el impulso de políticas públicas destinadas a favorecer a los sectores empobrecidos. Dejó de lado sus promesas de campaña de lograr un cambio de rumbo porque en dos años de administración demostró cómo se puede desperdiciar el tiempo, sin dar un impulso real al desarrollo del país. Al contrario, sus objetivos estuvieron centrados en fortalecer su alianza con los sectores políticos más retrógrados, que han corrompido los principios democráticos. El 2021 fue el año en el que se consolidó el anillo de corrupción en torno a la Corte Suprema de Justicia, cuyos magistrados impuestos por Manuel Baldizón y Alejandro Sinibaldi persisten en sus cargos, con la venia de los organismos Ejecutivo y Legislativo. El año pasado también agregaron a sus trofeos la Corte de Constitucionalidad y el Ministerio Público, que han perdido total independencia y forman parte de las estructuras cooptadas por los intereses más oscuros.

En los últimos 12 meses vimos cómo Giammattei fue incapaz de articular una estrategia para combatir el coronavirus. Si no hubiera sido por las donaciones de vacunas por parte de Estados Unidos y México, entre otros países, no hubiera habido ningún avance en la inmunización. El mandatario se embarcó en un negocio vergonzoso con los rusos, que hicieron lo que les dio la gana en la entrega de vacunas Sputnik V. Tan así que el último envío de vacunas se vencerá entre marzo y abril próximos, y se corre el riesgo de que se pierdan. El gran logro de Giammattei es que Guatemala esté en los últimos lugares de vacunación en América Latina porque solo ha administrado el 24.7% del esquema completo y apenas comienza el refuerzo con la tercera dosis. Además, se observa una fuerte disparidad en la vacunación. La organización Diálogos señala que existe una brecha entre las comunidades que hablan español y las comunidades indígenas. Indica que al 30 de agosto del año pasado se había vacunado un 45% de la comunidad que habla español, mientras que solo se había inmunizado al 11% de mayas y al 4% de xincas.

El presidente Giammattei evidenció en el 2021 que no le importa la situación en materia de educación. No hay avances sustanciales en ese renglón, en el cual lo único que hizo fue favorecer al sindicalista Joviel Acevedo, otro soporte de la alianza política corrupta. En materia de infraestructura vial también nos quedó debiendo. Las carreteras se siguen deteriorando, igual que ocurrió durante el nefasto gobierno de Jimmy Morales. Su gran logro, junto con la aplanadora legislativa, fue entregar al sector privado la rehabilitación y operación de la autopista Escuintla-Puerto Quetzal. Para transitar en esa vía pública se tendrá que pagar peaje, lo cual golpeará el bolsillo de los sectores de menos recursos. De esa cuenta, el nuevo año comienza con más de los mismos negocios de la narcocleptocracia.