Escenario de vida

Una nueva normalidad pasada la pandemia

Vida Amor de Paz vidanicol@gmail.com

Esta semana fue el II Congreso Estudiantil de Ingeniería Ambiental de la Universidad de San Carlos de Guatemala, difundido de forma virtual con conferencistas de alto nivel. Entre algunos de carácter internacional estuvo la Universidad de Maryland, Nasa y la Agenda Ambiental de Colombia. La iniciativa ha sido excepcional, y gracias a sus organizadores se ha facilitado la comprensión de hacia dónde va el mundo.

Quizás hace 20 años todavía veíamos el uso de la energía renovable como un capricho de algunos. Hoy es una herramienta para contrarrestar el calentamiento global. Los biocombustibles nos dan la oportunidad de emigrar de las plantas de carbón hacia tecnología más limpia y apropiada y mitigar el cambio climático.

En diciembre del 2019 visité el centro multitecnológico más grande del mundo, promovido por el rey Mohammed VI y localizado en Marruecos. Quedé convencida de que cuando se quiere trascender de forma amigable con el planeta a través de las energías renovables se puede.

A nivel global podemos asegurar que el covid-19 ha ayudado a desintoxicar el planeta por la disminución de vehículos circulando. El consumo de energía bajó y la Nasa detectó gran disminución de gases contaminantes en la atmósfera. Después de que pase la pandemia, podemos ir rumbo a un planeta más verde o quedarnos estáticos.

La juventud es la que puede contribuir a que cambiemos nuestros comportamientos, pues hemos venido tomando un rumbo de destrucción. Hemos hecho desaparecer a muchas especies. Hemos contaminado nuestros ríos, lagos y mares; hemos enviado gases tóxicos a la atmósfera, hemos contaminado el agua que bebemos y hemos quemado nuestros bosques. ¿Creen que esa debiera ser la forma de volver a la normalidad? Yo no.

El coronavirus ha puesto al planeta en suspenso. ¿Qué cambios debiéramos todos hacer en Guatemala? Para empezar, mejorar los servicios de salud, y en acto seguido, un mayor presupuesto para las instituciones que resguardan nuestras áreas protegidas y el medioambiente. A todos los ciudadanos, a reducir, reutilizar y reciclar. Al empresario e industrial, a ser responsable ambientalmente. A los comerciantes y gente de a pie, comprar menos plásticos, menos duroport, menos químicos tóxicos que dañan al prójimo o a la naturaleza. A los líderes mundiales, que tomen acción para disminuir sus niveles de carbono en una férrea batalla para contrarrestar el cambio climático, y cumplan con el Acuerdo de París.

El cambio climático puede llegar a ser el próximo detonante de otra calamidad mundial a la que no se le ha querido poner el énfasis suficiente. Es una especie de virus silencioso que camina en forma lenta pero certera y mucho más letal. No estamos preparados para ello y, por ende, espero que nuestros gobernantes vean a tiempo las consecuencias que puede traer el cruzarse de brazos y no hacer lo suficiente para contrarrestarlo. Puede ser un lento exterminio el que nos estamos imponiendo.

El covid nos ha abierto la puerta al cambio y debemos hacerlo nosotros antes de que esa puerta la cierren otros y volvamos a lo mismo. En medio de todo lo malo que trajo el covid, hay algo bueno. Vimos que puede haber otra realidad y que podemos llegar a un modelo distinto que proteja en todo momento a todos los seres vivos, a los bosques y a nuestra biodiversidad. Es nuestra economía a perpetuidad.

Si somos visionarios, pronto estaremos en presencia de un nuevo amanecer, como el que pregonaron los ancestros mayas para nuestros tiempos. Hoy se nos abre una puerta. Debemos reinventarnos y actuar con liderazgo colectivo. Pero depende de nosotros. Porque despertando la consciencia del individuo nace la esperanza de un planeta mejor.