Punto de encuentro

Una pregunta para las izquierdas

Marielos Monzón @MarielosMonzon

Una semana ha transcurrido desde la accidentada toma de posesión del nuevo gobierno y la nueva legislatura y, como suele ocurrir en Guatemala, ya se ha producido un montón de hechos políticos dignos de comentarse.

Sin embargo, hoy quiero dedicar esta columna a un tema central que, estoy convencida, es la vía para construir una alternativa real de cambio para nuestro país. Una posibilidad concreta que abra un camino para la transformación de este sistema que tiene a la mayoría de la población sumida en la pobreza, la desigualdad y la ausencia de oportunidades. Lo planteo de nuevo en este momento porque no podemos esperar a que el tiempo transcurra y —otra vez— nos agarre un nuevo proceso electoral con la puerta machucándonos el dedo.

Me explico. El sistema construido por los sectores de poder real en Guatemala les ha garantizado —a lo largo de la historia— riqueza, control y privilegios. Han hecho y deshecho a su antojo en este país al que consideran de su propiedad. Para conseguirlo han tejido muy hábilmente redes que tienen capturado al Estado. La cooptación de la institucionalidad se ha dado por diversas vías y en distintos momentos. Tras el fin de los gobiernos militares y a partir de la firma de la paz, ha sido a través del sistema electoral y político. Los partidos se transformaron en los vehículos idóneos para tomar por asalto al Estado y el financiamiento de las campañas ha sido el mecanismo perfecto para el secuestro de nuestra democracia.

Ahí tenemos a Otto Pérez Molina y a su maquinaria delictiva, el Partido Patriota, también a Jimmy Morales y su FCN-Nación, para nombrar solamente a dos de la larga y penosa lista de presidentes producto de este perverso sistema que nos domina. Y ni hablar de las alcaldías y el Congreso, repletos de personajes vinculados con las élites económicas tradicionales y emergentes, a los grupos de militares de la contrainsurgencia, cuando no a los carteles del crimen organizado. Ese es el tablero del juego que nos han impuesto.

Pero no podemos seguir lamentándonos de que todo vaya de mal en peor si seguimos siendo incapaces de generar una alternativa real y con suficiente fuerza popular para dar la pelea por transformar la realidad. Esta incapacidad es solo nuestra, no podemos achacársela al sistema. Si seguimos divididos por los egos, rencillas históricas, protagonismos absurdos, la creencia de que somos poseedores de la verdad absoluta y seguimos siendo sectarios, sin entender que el adversario a derrotar no está entre nosotros, solo nos espera la Guatemala fallida.

Si no comprendemos que nos quieren divididos, enfrentados, incapaces de dialogar, articular y llegar a consensos, y no vemos que la unidad es el único camino para avanzar, seguiremos como el perro que intenta morderse la cola.

Lo que se impone es la articulación de un espacio de las fuerzas progresistas, amplio y unitario, que permita generar equilibrios y contrapesos a favor de la gente. El bloque conformado por 26 diputados de partidos de centro y de izquierdas es un muy buen primer paso en este camino. Pero no es suficiente. Se necesita profundizar y avanzar en la unidad política y social que construya la fuerza capaz de concretar las transformaciones estructurales que Guatemala necesita.

El camino de la unidad lleva tiempo, requiere paciencia, humildad, tolerancia, claridad política y análisis de la situación concreta y las posibilidades reales de avanzar. Pero también necesita esperanza y visión de futuro para tener claro hasta dónde queremos llegar. La división es la ruta más fácil y también la que nos trajo hasta aquí.

¿Nos seguimos comiendo el discurso de que Guatemala es de derechas y punto o nos animamos a demostrar que en la unidad está la alternativa?