De mis notas

Una semana con vos

Alfred Kaltschmittalfredkalt@gmail.com

Hace unos 11 años escribí una columna sobre un programa organizado por la FAO y la Sesán sobre el programa “Una semana con vos”. Estuvo funcionando por algunos años y el objetivo era que jóvenes urbanos pudieran entender mejor la realidad de su país conviviendo durante siete días con una familia pobre del área rural.

El valor de una experiencia de convivencia de esta índole es trascendente. Es como sacar de la burbuja a un joven urbano y abrirle los ojos de la realidad, poniéndole a paisanos que le modelen en vivo y a todo color los diversos tonos y matices de nuestra multiculturalidad. Pero más que eso, es que puedan reinterpretar su propia realidad contrastándola con “esta otra” que está en frente: Esos ojos de analfabeto; esos tintes de desnutrición; esa mirada con parpadeo de subsistencia; ese frío con calor de leña y tufo de humo encerrado. ¿Cómo encaja mi estilo de vida con esta familia de guatemaltecos que vive en condiciones tan diferentes a las mías? ¿Y este es mi país? ¿El otro que desconocía? Ahora entiendo el valor de la educación y el peso de la ignorancia. El aprecio a los tres tiempos de comida, y lo que es una dieta de pobreza. Ahora puedo ver la vida desde la perspectiva del pobre y me percato de que hay muchas cosas afuera de mi burbuja existencial que desconocía.

Sigo creyendo, como lo he afirmado en varias columnas a través del tiempo, que como requisito obligatorio todo graduando universitario debería conocer por lo menos un municipio de cada uno de los 22 departamentos de Guatemala.

Cuán instructivo sería para los estudiantes universitarios de todas las clases sociales vivir una experiencia de esta naturaleza. Les acompañaría el resto de sus vidas, tanto en su formación profesional como en la formación de su “guatemalidad”, para lograr un verdadero entendimiento de su propio país. Pienso que la formación universitaria debería incluir también, a partir del tercer año de la carrera, “Una semana con vos”. Le serviría, además, para afinar su criterio y escoger con ponderación más fina dónde y cómo hacer su EPS.

Otras fueron nuestras vivencias. Las generaciones de guatemaltecos de los sesentas, setentas, tuvimos más oportunidades de conocer “el interior”, y de alguna manera convivir con guatemaltecos de muchas regiones del país. Quizás debido a que la mayoría utilizábamos el transporte público y la población de Guatemala era tres veces menor a la actual. Quizás porque no había tanta inseguridad y los asaltos y robos eran la excepción y no la norma. Tal vez, también, porque había una mentalidad diferente, más relajada y tolerante. No lo sé a ciencia cierta. Solo sé que muchos pudimos conocer el país.

Esto ha cambiado. La mayoría de estudiantes de bachillerato no conocen ni siquiera la catedral metropolitana. La convivencia gira alrededor de centros comerciales y rutas comunes. Si sumamos a esto que la mayoría de la juventud lee muy poco, podemos inferir que desarrolla su cosmovisión a partir de fragmentos diversos audiovisuales de redes, películas, medios electrónicos. Las películas y la música tienen una influencia determinante en la formación de toda clase de estereotipos.

En el nuevo milenio, la “guatemalidad” es una mezcla de todo esto. Una especie de cocktail étnico, lingüístico, cultural, que nos hace únicos y nos da nuestra identidad, cada día más compleja, diversa y cambiante.
Hay muchas “Guatemalas” dentro de Guatemala. Hay que conocerla para poder entenderla. “Una semana con vos” se debería retomar.