Si me permite

Una semana para reflexión, además de devoción

Samuel Berberián samuel.berberian@gmail.com

“No hay contrariedad tan grande en la vida humana que no pueda ser vencida por la reflexión, cuando se inspira en la fe.” José María de Pereda

Es admirable observar como algunos se toman el tiempo necesario con toda la antelación necesaria para planificar lo que habrán de hacer en esta semana, sea que lo pasen solos o con las personas que aprecian, sea esto para afirmar una devoción o bien para alejarse de la rutina de la vida y pasar una semana en diversas actividades.

Claro está que muchos tienen la capacidad y los medios para poder ocupar esos días en lo que ellos se ha propuesto, pero otros no. Lo importante es cuánto del tiempo de estos días se pueden dedicar a la reflexión y meditación por lo que la fecha implica y por lo que se está conmemorando.

Sin lugar a duda estos días tienen una esencia de contenido religioso para muchos de nosotros, aunque otros puedan tener una perspectiva muy diferente, pero puede perderse en medio de la multitud y nunca incluir una retrospección para darle el valor de lo que para uno como individuo debe entenderse. Debemos cuidar que de todo aquello que nos rodea, que no nos prive del valor que conlleva reflexionar y apreciar estos días.

Si bien la fecha tiene una connotación religiosa, personalmente creo que debemos ir mucho más allá del contexto ritual y confesional a la valoración de la relación individual con nuestra fe y la dependencia de nuestro creador, para que dicha valoración no se pierda entre ritos y prácticas simplemente religiosas.

El valor fundamental de la reflexión nos permite ser realistas con lo que somos y con lo que en verdad queremos llegar a ser, entendiendo que lo que sigue a la reflexión es un cambio en las áreas donde hay que aplicar criterios correctivos para mejorar el modo de ser y reevaluar el modo de planificar la vida, sabiendo que lo que somos y hacemos no solo afecta a los que nos rodean, pues al creador al que le debemos la vida también debemos agradarle.

Debemos entender que el proceso de reflexión no tiene trascendencia para los que nos rodean o los que comparten la vida con nosotros, sino fundamentalmente es un ejercicio personal y de beneficio propio, que los demás puedan estar de acuerdo o a gusto no es lo importante, sino la realidad que debemos vivir con nosotros mismos, es por ello que puede ser complicado y debemos hacerlo funcionar, porque tenemos voluntad e interés de hacerlo fundado en nuestros principios.

Qué triste es rodearnos con ruidos y algarabías que nos llevan a olvidarnos de nosotros mismos y de la realidad que vivimos, porque cuando regresa el silencio y la quietud a la que no podemos postergar estamos igual o peor. Lo más adecuado es que la reflexión nos lleve a una devoción que nos aleje del egoísmo y la autogratificación, al extremo que tenemos mayor paz con nosotros mismos.

Estos días los debemos ver como un tiempo para reevaluar la vida por encima de la práctica de nuestra religión y sabiendo que el Dios eterno tiene interés en nuestro bienestar mucho más allá de nuestro entendimiento, siempre que nosotros respetemos y honremos sus normas para que la vida no sea atrapada en contradicciones innecesarias, sino en una armonía progresiva por encima de los imprevistos y las inconveniencias que la vida tiene y de las cuales no podemos evadir.