Registro akásico

Unos en la pena y otros en la pepena

Antonio Mosquera Aguilar http://registroakasico.wordpress.com

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La semana pasada, una fuerza conjunta del ejército de Mozambique y mil soldados de Ruanda, recuperaron la ciudad de Mocimboa da Praia. Los jefes militares, Chume de Mozambique y Kabanda de Ruanda, afirman se inicia la estabilidad. Han muerto tres mil personas y se han desplazado un millón. La ciudad es un puerto que abastece un amplio mercado en Mozambique y a poblaciones en Tanzania y Malawi. ¿Qué nos importa? puede decir alguno. ¡Que se maten esos salvajes!

Cierto, los expedicionarios nacionales se encuentran a miles de kilómetros del lugar; pero el hecho de haberse formado una milicia fundamentalista, anuncia nuevos ejércitos irregulares en África meridional. Además, la República Democrática del Congo, donde está comisionado el ejército de Guatemala, sigue sin encontrar estabilidad. El Presidente Félix Tshisekedi rompió la coalición entre los partidos Dirección al Cambio y Frente Común, para reemplazarla por la Unión Sagrada de la Nación. En la capital, Kinshasa, hay disturbios. Ha renunciado el Primer Ministro Sylvestre Ilunga Ilunkamba. El nuevo gobierno de Sama Lukonde Kyenge, integrado en un 30% por mujeres, hace lo que puede. La Conferencia Episcopal pide un buen gobierno y un sistema creíble electoral. Ya se verá, que sucede.

En la frontera con Ruanda, la actividad guerrillera impide el desarrollo de proyectos económicos. Saquean casas, secuestran civiles y reclutan adolescentes. En la zona de Irumu, cercana al contingente chapín, la situación tiende a deteriorarse. El XXI contingente de fuerzas especiales Monusco, como se denomina la misión de los connacionales, está integrado por 150 efectivos y 5 observadores, que se suman a los 14 mil militares de otros países, sin mencionar a una fuerza similar de policía. La misión tiende a complicarse, pues se está propagando la ideología salafista, i. e. el fundamentalismo islámico, para cohesionar a los insurrectos; así como conseguirles fondos en las pujantes economías petroleras de la península arábiga.

Para acabar de empeorar, el 28 de mayo, el volcán Nyiragongo, en erupción, provoco la evacuación de 10, de los 18 barrios de la ciudad de Goma, capital de Kivu del norte. Malaria, VIH y la pandemia covid-19, están sin control; además, ha resurgido el ébola. Hasta el abasto de alimentos es un problema. El 22 de febrero, se atacó una caravana de provisiones. Fueron muertos: el embajador de Italia, su escolta y un funcionario del Programa Mundial de Alimentos.

El apoyo a la paz, por invitación del gobierno local, la imparcialidad y el uso de la fuerza, únicamente en defensa propia en el marco del mandato, se lleva adelante por los soldados del país.

Mientras tanto, varios piqueteros en grupos de no más de treinta personas, se han dedicado a impedir la libre locomoción en nuestras principales carreteras. Hasta avenidas y calles de la capital, se ciegan, para imposibilitar el tránsito. Arguyen que fueron soldados durante el enfrentamiento armado; pero si se les resta a sus edades, los 25 años, cuando se firmó la paz, muchos salen en números rojos. Ni habían nacido, en esos duros tiempos, Son piqueteros pagados por irredentos de Alta Verapaz, El Quiché, la capital y colaboradores del narcotráfico. Son libres de manifestar, mientras no ejerzan violencia contra la población.

Los ciudadanos afectados por la innoble exigencia, piden clara acción legal. No se pide disolverlos, basta con identificar a los responsables y obvio, desmentir su supuesto servicio militar. Los verdaderos soldados, cumplen con honor su misión, no son vocingleros abusadores del derecho de manifestación.