Escenario de vida

Urge presupuesto para la adaptación al cambio climático

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Para quienes aún no creen que el cambio climático es una realidad, me permito referirme al último acontecimiento en el aeropuerto de Luton, al norte de Londres, Inglaterra, donde hace unos días las pistas de aterrizaje se derritieron por la ola de calor. Los londinenses tuvieron que cancelar vuelos y cerrar el aeropuerto, por lo que este hecho insólito nos demuestra que no es fantasía lo que estamos viviendo y que vamos en un declive estrepitoso.

En lugares como Missouri, que es donde me encuentro momentáneamente, un día podemos tener 18 grados celsius de temperatura y al siguiente sobrepasar los 45 grados. ¿Es esto normal? El cambio climático, llamado también calentamiento global, no solo es calor, sino frío a la vez. Es la variación de la temperatura de forma súbita. Por ejemplo, en lugares donde hace mucho frío se tornará más caliente y en donde hace calor puede volverse mucho más frío.

El problema más grave radica en las latitudes altas, tales como los polos, o Groenlandia donde se está calentando cinco veces más que en el resto del planeta, haciendo que el hielo se derrita. Siendo las refrigeradoras del planeta, un día pueden dejar de funcionar como tales y harán subir el nivel del mar, causando la desaparición de islas completas.

Hace unos cuantos días, el oeste de Estados Unidos también se vio afectado por la crisis climática. Sucedió en el Parque Nacional Yellowstone, cuando, en medio de una prolongada megasequía, el parque entró en dificultades por las lluvias torrenciales. Eso sucedió en medio del rápido derretimiento de la nieve, que no permitió reponer el suelo en cuestión de semanas o meses. Fue así que luego se creó un fenómeno en el cual llegó un torrente de repentinas inundaciones que arrancó puentes y carreteras. Por el otro lado, las condiciones de sequía al suroeste persistieron, donde es sumamente necesario reponer los mayores embalses del país. Allí están las regiones que constantemente se ven afectadas por los incendios forestales que cada año baten récords.

Esto nos recuerda nuestros propios incendios forestales, pero a diferencia de los incendios de Norteamérica, los nuestros son 99% provocados por el crimen organizado queriendo usurpar áreas protegidas para crear pistas de aterrizaje de aviones que acarrean drogas. Es falso que sean campesinos que buscan tierras para vivir, porque muchos de ellos son pagados por personas inescrupulosas para botar el bosque y que ya no sea considerada área protegida. Después de quemar el bosque y construir una champa, dejan el lugar a la merced de los narcotraficantes y se les paga para ir en pos de otro bosque para quemar. Así vamos acabando poco a poco con nuestros bosques, que son nuestros aliados en contra del cambio climático.

El verdadero riesgo lo corremos nosotros en Centroamérica, pues somos una de las regiones más vulnerables al cambio climático. Somos un perfecto chorizo en medio de dos océanos, propenso a la elevación del nivel del mar, a tsunamis, a megahuracanes y tormentas. Además, estamos sobre tres placas tectónicas, la del Caribe, la del Atlántico y la de Cocos, y sufrimos tanto de huracanes como de tormentas tropicales, y hasta erupciones de algún volcán durante las crisis.

Sin embargo, la realidad es que somos particularmente vulnerables por la pobreza. Nuestra gente que no tiene recursos para vivir en lugares apropiados construye covachas al lado de ríos que luego se desbordan y les causan la muerte. Ya es hora de que los funcionarios comprendan el gran riesgo que corremos y que el presupuesto de la Nación debe incluir una inversión considerable a la adaptación al cambio climático.