Cable a tierra

Vacunación: el sistema se prioriza a sí mismo

Karin Slowing karin.slowing@gmail.com

La significativa donación estadounidense de vacuna, más la entrega de otro lote de medio millón de dosis de Sputnik —ya pagadas hace ratos— ocurrida la semana pasada, ponen al país en una situación de disponibilidad que le quita al gobierno la excusa por un buen tiempo para no acelerar la vacunación. De hecho, esta excusa siempre ha sido relativa, pues al 19 de julio 2021, según el recuento que llevamos en el LaboratorioDeDatosGt, había un total de 2 millones 151 mil dosis todavía disponibles. Es decir, ya había más disponibilidad de dosis que capacidad para aplicarlas. Y ahora se sumará la donación de Estados Unidos.

En total, unos 5 millones de dosis que, con el ritmo actual de vacunación de entre 32-35 mil personas diarias, tomaría unos siete meses aplicar. Así para febrero 2022, aproximadamente, tendríamos como 4.5-5 millones de personas adultas vacunadas (un 41% de esa población), o un 25% de la población total (estimación). En ambos escenarios, un porcentaje aún insuficiente para la inmunidad poblacional, menos aún con la presencia confirmada de cinco variantes del virus ya en el territorio y a la espera de que se confirme la delta.

Así que se les acabó la excusa. Las miradas se enfocarán en que se esclarezca lo del contrato ruso, y en la capacidad para aplicar las vacunas. Todo apunta a que el gobierno elevará su estadística vacunal por la ruta fácil, dándoles prioridad a grupos claramente preidentificados, en lugar de priorizar la vacunación de la población general. Así vemos cómo policía, ejército, maestros, ministerios, secretarías, Organismo Judicial y Legislativo se aprestan para ser pinchados antes que la ciudadanía a la que están llamados a servir. Sin duda, con esta nueva priorización tácita que está haciendo el MSPAS el sistema busca autopreservarse también.

Nadie discute que la condición ciudadana de los “servidores públicos” les da derecho a vacunarse, aun con todo el daño que muchos le hacen al país; no obstante, lo objetable es que se “cuelan” frente a una población a la que no le ha quedado más opción que aguantarse y esperar su turno por grupo de edad, en medio de muchas dificultades, incomodidades y riesgos de exposición, ocasionados por la manera en que se ha gestionado el registro y aplicación de la vacunación.

¿Qué quedará para la ciudadanía general de esos cinco millones de dosis? Pues ya veremos. Lo cierto es que alentaron ya a la población de 40 y más a registrarse (1.7 millones de personas) y todavía no hay señales claras del arranque real de la vacunación para ese grupo de edad. Los adultos mayores han quedado rezagados, y los jóvenes se seguirán preguntando cuándo les tocará a ellos finalmente, especialmente cuando la mayoría no pertenece a grupos de interés o de privilegio.

Nuevamente, insistimos, como lo hemos hecho desde el LaboratorioDeDatosGT desde que se anunció el mal logrado plan de vacunación: el número de puestos de vacunación no dice nada; la clave está en la cantidad de equipos de vacunación (registradores y vacunadores) que actúan en simultáneo; y en contar con una estrategia multimodal de vacunación que no deje a nadie atrás porque, por alguna razón, la persona no puede llegar al centro de vacunación o ingresar al sistema de registro o recibir el dichoso mensajito.

El gobierno guatemalteco, y la ministra Flores, en particular, han recibido un regalo de incalculable valor del gobierno norteamericano: oxígeno para mantener la gobernabilidad, a pesar de tener tantas cuentas pendientes con la sociedad y la justicia. Que por lo menos ahora el MSPAS haga finalmente su parte y le cumpla a la población. Ojalá el gobierno norteamericano ponga presión para que ello ocurra.